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Aprender a Dormir

Desde el nacimiento y hasta el primer año de vida, el sueño ocupa la mayor parte de la vida del bebé. Sin embargo, no se nace sabiendo dormir: es misión de los padres forjar los hábitos y las rutinas para que los niños aprendan a hacerlo.

Durante nueve meses el bebé vivió en un microclima donde a los episodios de vigilia le sucedían naturalmente los del sueño, sin importar el lugar ni los horarios. Al nacer, la situación es otra y los padres son los encargados de ayudarlo a adquirir nuevos patrones de sueño. 

 

 

Pero, ¿cómo enseñarle a dormir a un recién nacido? No es tarea sencilla, se requiere de paciencia y perseverancia. El éxito depende sobre todo de la repetición de rutinas.  Hay niños que lo hacen de un tirón a partir del tercer o cuarto mes, mientras que otros son incapaces de mantener el sueño durante toda la noche y se despiertan dos, tres o cinco veces.

 

 

Ni bien nacen, los bebés duermen aproximadamente 16 horas diarias, en intervalos de 3 o 4 horas. Con esta periodicidad el niño se despierta con el fin de tomar el pecho y luego se vuelve a dormir. Sin embargo, mientras está despierto es bueno aprovechar para hablarle, mimarlo y jugar con él: así empieza a distinguir entre el sueño y la vigilia.

 

 

Al tercer o cuarto mes de vida los niños suelen empezar a cambiar su ritmo biológico. Van abandonando su ciclo de 3 o 4 horas de duración del sueño para adaptarse a intervalos más largos. No hay reglas fijas, a algunos les cuesta más que a otros. Este cambio se produce a medida que va madurando su sistema nervioso central, que es el que controla estas funciones.

 

 

El sueño nocturno y el sueño diurno

 

 

El primer aprendizaje consiste en diferenciar el sueño diurno del nocturno . Para ello hay que tratar de que el bebé permanezca en lugares muy diferentes entre sí en uno y otro momento. Lo normal será que de día duerma en su cochecito, con algo del ruido habitual de fondo. De noche, lo mejor es su cuna o moisés y el más absoluto silencio. La hora del baño a la tardecita o noche también puede ser un buen patrón para marcar el paso al sueño nocturno.

 

 

Es importante intentar que concilie el sueño en su cuna y solo , es decir: sin pasearlo en brazos. Una vez acostado, se le puede cantar y dejarlo para que se duerma. El bebé debe reconocer su cuna como el lugar para dormir. De esta manera cuando se despierte en la mitad de la noche, estará en el mismo lugar en donde se durmió.

 

 

Alrededor de los tres o cuatro meses , es común que el niño haga pausas nocturnas de 4 a 6 horas y vaya alargando sus períodos de sueño. Desde este momento la seguridad y firmeza de los padres comienza a ejercer un papel central en la educación de los hijos. A partir de esta edad es importante que el bebé asocie la hora de dormir a ciertos hábitos.

 

 

María, madre primeriza de Josefina, cuenta su experiencia: “A partir del tercer mes de Josefina, con mi marido todas las noches antes de acostarla, repetimos la misma rutina: primero la bañamos, luego le doy de mamar y por último ponemos alguna canción de cuna para favorecer el clima de sueño”, relata. Cada familia debe encontrar sus horarios: habrá que decidir a qué hora se acuesta el pequeño y qué elementos lo acompañarán durante la noche. Si la rutina se mantiene el niño se dormirá tranquilo; si no es así, tampoco hay que desesperarse ya que hasta el primer año de vida el bebé está aprendiendo a dormir.

 

Las Claves del Sueño

  • Antes de acostarlo es preciso bajar el nivel de estímulos ambientales y si el bebé está muy estimulado, esperar unos 20 minutos antes de intentar hacerlo dormir.
  • Rutinas como un baño antes de acostarlo o un cambio de ropa, favorecen la asociación con el dormir. No se debe sobreabrigar al niño.
  • Procurar hacerlo dormir en su cuna.
  • Si despierta por la noche es importante identificar si tiene alguna necesidad sin satisfacer.
  • El lugar para dormir deberá estar libre de estímulos visuales y auditivos como móviles o adornos en exceso. El espacio debe ser oscuro, libre de ruidos y con temperatura ambiental de entre 16 y 20 grados.

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

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