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Matronatación: Una Actividad Saludable para los Bebés

Jugar en el agua, con los cuidados y condiciones necesarios, es la manera ideal de estimular el desarrollo del bebé y el vínculo con sus padres, más aún ahora que empieza el verano. En esta nota descubrirás los beneficios de la matronatación.

 La matronatación es un aprendizaje que le permite al niño poner en acción  su cuerpo, su afecto y su inteligencia.  A la hora de estimularlo, el medio acuático es ideal para una edad en la que el bebé aún no puede sostenerse y se encuentra a gusto en brazos. Con el apoyo de sus papás, los juegos resultan sencillos y seguros, y son esenciales para que apenas unos meses más adelante pueda nadar solito.

 

 

Claro que, para que resulte cómoda y segura, la actividad en el agua requiere de varias condiciones de orden pedagógico, por ejemplo, personal docente especializado que garantice todos los beneficios psicológicos y físicos sin ningún riesgo. También habrá que considerar los requisitos higiénicos y sanitarios relacionados con las instalaciones en general, y especialmente con la piscina.


Armonía acuática

 

Muchos pediatras indican la matronatación para propiciar el entendimiento entre la mamá y su bebé a través de la estimulación que producen los juegos en el agua cálida.

Suena lógico que estando relajada, la mamá amamante mejor, sobre todo, cuando el hambre “rabiosa” impide a los niños más ansiosos o muy exigentes alimentarse bien a pesar de su deseo.

Con el sueño pasa algo semejante. En general los bebés muy vitales necesitan descargar energías con una rutina que sea algo más que estar en brazos o jugando en la cuna. También a los niños de 2 y 3 años, tan activos, a menudo les sobran energías aun concurriendo 3 o 4 horas al jardín de infantes.

La potencia infantil es extraordinaria, y debe aprovecharse en el momento más oportuno del desarrollo. Por eso la matronatación es altamente recomendable.


¿A qué edad se puede comenzar?

 

El primer requisito es que el cordón umbilical haya caído, y en el caso de los varoncitos a los que se les ha practicado la circuncisión, que ésta haya cicatrizado. También será necesario contar con la autorización del médico neonatólogo o pediatra; es él quien está al tanto de la historia clínica del niño, incluidos los antecedentes de la gestación.

 

Cuanto más cerca del nacimiento se comience el contacto con el agua, más activos estarán los recuerdos acuáticos del bebé nadando plácidamente en la “piscina materna”. Al principio, mientras la mamá espera el alta obstétrica, el niño entra al agua con papá, quien de esta forma logra un contacto especial con su hijo. Y mamá, cerca, puede arrimar su rostro, besar, acariciar y cantar al bebé, a pesar de estar fuera de la pileta. Cuando ella ingresa, el hijito siente su corazón que late, con el viejo y conocido sonido que ya escuchaba dentro de su vientre, mientras nadaba en el líquido amniótico: ¡imagínense la intensidad de la experiencia!

 

Sólo basta un cálido abrazo de mamá, un contacto estrecho, para que el bebé más inquieto se calme o el más tímido se atreva, desde el balcón de sus brazos, a intentar la conquista del mundo acuático.

Acostumbrar a los niños a la actividad y al juego es un modo útil y comprobado de aumentar sus reservas de inmunidad, para que, en adelante, puedan defenderse mejor de las agresiones del medio ambiente y de las infecciones.

 

Los bebés nadadores no olvidan nunca la asociación entre el juego, el bienestar y la alegría, ni el marco amoroso con que se iniciaron deportivamente.


¿Los bebés aprenden más rápido?

 

El control respiratorio debajo del agua es una habilidad vital que se adquiere fácilmente durante el primer mes de aprendizaje. En realidad, a través de la matronatación, el pequeño aprende en cada clase, y no olvida lo adquirido.

 

Esta enseñanza de cómo retener o soltar el aire bajo el agua se realiza muy suavemente, a través de seguras maniobras del docente especializado.

 

Alrededor del mes y medio de haber comenzado las clases, el bebé ya es capaz de controlar perfectamente la respiración, y tenderá a flotar de inmediato al ser sumergido.

 

En ese momento, mamá y papá, junto con el pequeño, pueden organizar libremente y sin ningún peligro, juegos que incluyan inmersiones.

 

Mes a mes, aumentarán rápidamente las habilidades dentro y fuera del agua.

 

La serenidad y el placer que experimentan favorecen el excelente control de su respiración; por eso es tan común verlos sonreír bajo el agua, algo bastante difícil para la mayoría de las personas que no nadan desde bebés.

 

Es la hora de intentar la maravillosa experiencia de la matronatación.

 

 

Dra. Patricia Cirigliano

Directora de la Primera Escuela Argentina de Natación para Bebés

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