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Descubrir el Movimiento

En la evolución del bebé, hay un momento en que el desplazamiento por sí mismo es algo natural. Alrededor de los 9 meses, el niño ya gatea y un mes después comienza a intentar pararse solo. Un entorno seguro y adaptado a sus necesidades lo ayudará en la búsqueda del equilibrio, el paso previo a aprender a caminar.

¡Se acabó la tranquilidad! Esta oración puede resumir simpáticamente la sensación que los papás tienen cuando su bebé empieza a gatear. Si se suma que, en el mismo período comienza a balbucear sus primeras expresiones, es un momento muy especial para toda la familia. Para el bebé, es una etapa de pleno descubrimiento.

 

 

 

En el libro “Bebé genial”, el doctor Richard Woolfson enumera distintas capacidades que, en general, el bebé adquiere en este período.

 

 

 

El gateo

 

Esta es una actividad que no todos los bebés inician al mismo tiempo. Es importante que los papás no fuercen a su hijo, sí que lo estimulen. Para ello, por ejemplo, pueden dejarle objetos fuera de su alcance y mostrarle ellos mismos cómo debe ser el movimiento para alcanzarlos. Para poder comenzar a gatear, el bebé tiene que haber desarrollado bien la postura para sentarse.

El estilo de gateo puede variar e ir modificándose según pasa el tiempo. Algunos niños primero lo hacen para atrás, como si fueran pequeños cangrejos, o hacia los costados. Otros se apoyan para desplazarse sólo en una pierna, que es la que eligen para avanzar. Esto no es importante. Lo fundamental es que el bebé está haciendo un gran esfuerzo para adquirir independencia en su movimiento. Este desafío debe ser acompañado por los papás con alegría y entusiasmo.

También existe la posibilidad de que el bebé nunca gatee. Por ejemplo, algunos niños que pasan mucho tiempo en el andador, en el cochecito o dentro del corralito, sin la posibilidad de desplazarse solitos. Por eso es importante que cuidados por algún adulto, los bebés pasen tiempo en el suelo. Lo que se ensucia, se limpia: las mamás lo saben, y quizás un pantaloncito sucio da como resultado un bebé que se mueve con mayor soltura.

 

El equilibrio

 

Alcanzar el equilibrio es un paso muy importante en el desarrollo motor del bebé, ya que es necesario para luego poder caminar. Para pararse, el niño se sujeta a los elementos que lo rodean: los muebles, los barrotes de la cuna o del corralito, juguetes del tipo correpasillos (con ruedas) y hasta de las piernas de los adultos. Por eso, hay que estar atentos a los movimientos para evitar que los objetos se le caigan encima o que lo hagan caerse hacia delante.

A medida que vaya adquiriendo seguridad, el bebé intentará levantarse solo, sujetándose. Los papás pueden ayudarlo a dar sus primeros pasos sujetándolo por las axilas -no es recomendable hacerlo por los brazos para no lastimar sus articulaciones-. Un buen ejercicio para que tome confianza es ir poniendo mayor distancia entre los muebles, de forma que inconscientemente vaya dando pasos cada vez con menos sostén. Otra manera de que aprenda a mantener el equilibrio es que el adulto se acerque al corralito y haga el ademán de sacarlo. El niño se soltará de la baranda y mantendrá durante segundos la postura erguida de pie sin sostenerse de nada. Eso sí: hay que tratar de no dejarlo caer, así no se asusta y deja de intentarlo.

Para que el bebé vaya logrando estos desafíos, es muy importante que los papás le transmitan confianza en sí mismo y lo alienten en cada pequeño avance que realice. El miedo a caerse es real y lo que más necesita es paciencia y apoyo. De manera divertida y celebrando cada nuevo descubrimiento, el bebé se está preparando para un desafío mucho mayor: aprender a caminar.

 

 

 

 

 

 

 

  • En el noveno mes, el bebé puede dar media vuelta mientras gatea, desplaza todo su cuerpo por la habitación, reacciona moviéndose como si caminara cuando se lo sujeta por las axilas y muestra interés por subir escaleras.
  • En el décimo mes, le gusta contemplar el mundo desde una posición erguida, gatea con destreza y se puede desplazar con habilidad y se sostiene en pie agarrándose de algo.
  • En el undécimo mes, recorre la habitación apoyándose en los muebles, se deja caer al suelo lenta y suavemente para aterrizar con sólo un golpe suave, puede llegar a desplazarse arrastrándose sentado y quizás se agache a tomar algo del suelo mientras se sostiene parado, también agarrándose de algo.

 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp

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