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Proteger y Dejar Crecer

El bebé se cae y la mamá acude rápidamente con la angustia reflejada en el rostro. Besos y mimos se suceden hasta que constata que su salud está bien. Si bien la conducta puede ser la normal en toda madre, en algunos casos, esta actitud se exagera y tiñe toda la relación entre ambos.

Desde que nace, el bebé es completamente dependiente de la protección y cuidado que le brinda su mamá. Pero a medida que pasa el tiempo, comienza lentamente a independizarse de ella para adquirir una creciente individualidad -a pesar de que sigue necesitando mucho a su madre-.

Esto se hace especialmente notorio alrededor de los ocho o nueve meses, cuando el pequeño ya ha adquirido cierta independencia -especialmente gracias a la deambulación- y parece disfrutar de ella. Es aquí que también comienzan a manifestarse ciertas reacciones de parte de la madre que en general se expresan en sentimientos ambivalentes: satisfacción por los logros adquiridos por su bebé y también de desazón, por el hecho de que su presencia no es tan necesaria e imprescindible para el bebé en algunos momentos. Para crecer, el niño necesita de una actitud de apoyo y de sostén de su independencia por parte de su mamá -es decir, no prescindente-. Por eso la mamá logra disfrutar realmente del hecho de que su hijo se valga por sí mismo en distintas áreas y siente orgullo por su desempeño.

Sin embargo, algunas mamás sufren con la creciente individualidad del niño y tal vez en algún lugar de su corazón preferirían que siguiera necesitándola tan frecuentemente como antes.

 

Actitudes para revisar: 

  • Cuando la mamá evita al pequeño las consecuencias de sus propios actos, impidiéndole así experiencias sumamente enriquecedoras para su desarrollo. En lugar de tener esta actitud, se puede identificar cuál es el área que el pequeño necesita desarrollar para brindarle la ayuda necesaria para que él pueda ensayar, equivocarse y  finalmente, adquirir el progreso.
  • Cuando la presencia de la mamá, el papá o el adulto a cargo es invasora de las propias decisiones de los chicos. Así, se niega la oportunidad de tomar sus propias decisiones, fundamentales para cimentar la propia autoestima, independencia e iniciativa. Por supuesto que la presencia de la mamá para brindar estímulo y protección es necesaria. 
  • Cuando el niño cree que necesita a la madre y demanda su presencia para resolver problemas que podría enfrentar satisfactoriamente por sí solo.

Por otro lado, es habitual que las madres escuchen que se les adjudica el adjetivo de sobreprotectoras cuando en realidad ellas están brindando el cuidado adecuado a sus hijos. En estos casos, sólo hay que tener en cuenta las opiniones interesadas en el bienestar del hijo: el padre, el pediatra o un familiar o amigo realmente comprometido con la crianza y el bienestar del niño. La consulta a un profesional no está de más si hay signos en el niño tales como falta de iniciativa, temores infundados a experimentar nuevos movimientos o juegos, excesiva dependencia de la mamá que le impida relacionarse con otras personas cercanas -abuelos o amigos -, entre otros.

 

Algunas pautas

  • Ante caídas frecuentes, el sentido común indica que deberían tomarse las medidas de seguridad necesarias: no dejar al bebé en sitios peligrosos -como, por ejemplo, “encerrado” en una cuna si él ya ha probado salir solo trepándose o tirándose de cabeza-, asegurarse de que sus zapatos son los adecuados, etcétera, pero si lo que se busca es tratar de evitar “toda” caída, seguramente se lo estará privando de la experiencia necesaria para aprender a sostenerse sobre sus pies.
  • Tener reacciones desmedidas, alterándose ante las caídas frecuentes del bebé en la etapa de deambulación. Si ésta es la conducta habitual de su principal cuidador -su madre, por ejemplo- el niño puede sentirse poco animado para explorar. 
  • Hay muchas mamás que son dependientes de la dependencia de su bebé y tal vez, inconscientemente la estimulan, sintiéndose heridas cuando el niño parece no necesitarlas.

Está en el corazón de la mamá el aprendizaje de dejar crecer a su bebé y alegrarse por sus avances, sin caer en la tristeza de que a medida que él crece, ella será menos necesaria. Después de todo, el mayor logro será saber que si el bebé puede crecer y ser cada día más independiente, es porque su mamá y toda la gente que lo quiere, estuvieron a su lado.

 

 

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