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Embarazada y Más Linda que Nunca

Hay una verdad que trasciende los cánones estéticos de cada época: al convertirse en madre, la mujer se vuelve más bella.  

 

“Tan sólo hay una cosa en este mundo que sea más hermosa y mejor que la mujer: la madre.” Las palabras del poeta alemán Leopold Schaeffer, escritas alrededor de 1800, tocan la esencia misma de la feminidad. Desde el momento en que un hijo se hace carne en su cuerpo, la mujer se vuelve más bella. La belleza es la “propiedad de las cosas que nos hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual”. ¿Qué mayor deleite que el que produce la milagrosa transformación de un cuerpo que se dispone y prepara para dar vida?

 

Estos conceptos muchas veces se encuentran con un clima cultural adverso, o con sentimientos contradictorios de las propias mujeres, que consideran que –con el embarazo y la maternidad- pierden su hermosura y atractivo naturales. Belleza parece ser sinónimo de juventud o de determinados cánones y proporciones. Jean Guitton, escritor y filósofo francés, miembro de la Academia Francesa de Letras, argumenta: “No hay idea más estúpida que poner a la belleza en singular, como si hubiese un único género de belleza o si ésta fuera de exclusiva propiedad de la efervescencia juvenil. Y más aún creer que conservar un rostro joven es el único índice de hermosura”.

 

Es verdad: durante el embarazo, parada frente al espejo, la mujer recibirá de sí misma una imagen distinta. Los pies, las piernas y las manos hinchados. Ni rastros de la cintura. Pero también está esa panza –grande o chiquita, redonda o en punta– que hace juego con la sonrisa imborrable y un brillo nuevo en la mirada. 

 

Laura, de Paraná , espera ansiosa el nacimiento de Lucas, su primer sobrino, y observa los cambios en Catalina, la futura mamá: “No es sólo esa panza grande y redonda. Cambió la mirada, la sonrisa, el modo de hablar. Es mirarla –con sus ocho nuevos kilos- y darse cuenta de que es su momento de mayor plenitud como mujer”. ¿Y qué dice el padre? A pesar de que ya están entrando en el séptimo mes, Andrés sigue asombrándose cada día por el hijo que viene en camino. Y con respecto a la belleza de su mujer, no duda en afirmar: “Nunca estuvo más linda”.

El sustantivo belleza no es femenino en vano. La maternidad embellece. ¿Acaso para un hijo su madre no es siempre la más linda del mundo?

 

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