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Revista Selecciones: Dese el gusto (pero mídase)

La revista Selecciones te acerca 10 formas de ganarle a la balanza controlando los antojos.

Terri Crecco piensa que es adicta al azúcar. De chica no la tentaban los dulces y actualmente, cuando tiene un problema, se refugia en las galletitas y el helado. Una vez, después del almuerzo, se devoró una libra de gomitas. “No pude detenerme hasta que me las había comido todas—dice—. Mis antojos pueden ser terribles, imposibles de ignorar”. Como resultado, la neoyorquina de 55 años, especialista en hipotecas, ha luchado toda la vida con su peso.

 

El oficial de policía de 56 años Karsten Askeland, originario de Niagara Falls, se hizo fanático de la comida rápida a los 14 años, edad en que se fracturó una pierna y abandonó los deportes. Hasta entonces había sido delgado y musculoso: jugaba básquet y fútbol y era el más rápido de su equipo de atletismo. Durante el tiempo que estuvo inmovilizado debido a la lesión siguió comiendo como si todavía quemara miles de calorías semanales con el ejercicio, y después de haberse recuperado siguió excediéndose. “A menudo, después de cenar en casa iba a un sitio de comida rápida y pedía una hamburguesa grande con queso, un sándwich de pescado, una porción de papas fritas y una gaseosa. ¡Podía ir dos o tres veces por día!”

 

Así alcanzó las 280 libras. En 1975, para poder ingresar en la policía, bajó 90 libras con ejercicios y una dieta estricta. Pero después, durante sus descansos en el turno de la noche, empezó a comer en un restaurante chino. Con el tiempo llegó a pesar 475 libras. Desde entonces su vida ha sido una batalla constante para adelgazar y dominar sus imperiosos antojos de comida rápida.

 

El estrés y la comida como consuelo

¿Qué nos lleva a comer así? ¿Por qué recurrimos al chocolate y a las frituras cuando estamos tensos, cansados o aburridos? “Si sentimos estrés se nos antoja lo que nos gustaba de chicos, una etapa de nuestra vida psicológica en la que teníamos menos tensiones”, dice el doctor John Foreyt, profesor de psiquiatría de la Universidad de Medicina Baylor, en Texas. Por eso, cuando estamos tensos no suspiramos por brócoli al vapor.

 

También los animales reaccionan al estrés con una inclinación por alimentos que engordan. Un estudio de la Universidad de California, en San Francisco, descubrió que el estrés crónico llevó a las ratas de laboratorio a elegir alimentos de alto contenido calórico, con manteca y azúcar.

 

Cuando los antojos comienzan a sabotear nuestra salud o nuestros esfuerzos por adelgazar, pueden convertirse en una fuente de estrés, lo que acentúa el problema. ¿Es posible bajar de peso aun cuando solo queremos comer chocolate y hamburguesas? Los expertos dicen que sí, pero que se requiere una estrategia muy astuta, así como una gran comprensión de la química cerebral y corporal que se esconde detrás del deseo de comer helado o huevos fritos.

 

¡Tengo que comerlo! ¿Por qué?

Según un estudio, prácticamente todas las mujeres (el 97 por ciento) y la mayoría de los hombres (el 68 por ciento) admiten tener antojos. El chocolate y otras cosas dulces encabezan la lista de las mujeres, mientras que los hombres añoran asados jugosos o hamburguesas con queso y todas sus guarniciones. Después de la menopausia, los antojos de las mujeres comienzan a parecerse a los de los hombres. “Aunque resultaría fácil atribuirlo a cambios hormonales, en el caso de las mujeres estadounidenses de cierta edad podría deberse más bien a que crecieron durante la Gran Depresión, cuando eran muy valorados la carne y los alimentos proteínicos. Nadie lo sabe”, dice la doctora Marcia Pelchat, investigadora del Centro Monell para el Estudio de la Química de los Sentidos, en Filadelfia.

 

Al parecer, los cambios hormonales son parcialmente responsables de que las mujeres tengan antojos. Antes de la menstruación disminuyen los niveles de estrógeno y de serotonina (la sustancia de bienestar producida por el cerebro), y es posible que los dulces, la pasta y otros carbohidratos la eleven, por lo que harían que usted se sienta bien. De igual forma, los cambios hormonales podrían explicar el antojo de pepinos con helado durante el embarazo, pero no se tienen pruebas sólidas de ello.

 

¿Podría ser que deseemos algo porque nuestro cuerpo lo necesita? Los expertos aseguran que la gran mayoría de los antojos poco tiene que ver con una falta de nutrientes. Es verdad que el chocolate contiene magnesio, pero si realmente nos hiciera falta, más bien querríamos comer una ensalada verde, pues tiene más de ese mineral que una barra de chocolate.

 

Los antojos tampoco están relacionados con el apetito. ¿Quién siente hambre cuando sirven el postre tras la cena de Navidad... y quién lo rechaza? “Cuando se tiene hambre uno come lo que sea”, comenta el doctor Allen Levine, director del Centro de Obesidad de Minnesota.

Los antojos no satisfacen el hambre, pero sí nos gratifican y nos dan placer. Si bien apenas se está empezando a comprender la química cerebral del asunto, se ha descubierto que la textura cremosa del chocolate puede despertar en el cerebro algo semejante, aunque más sutil —en términos bioquímicos—, a lo que siente un drogadicto cuando se inyecta heroína o inhala cocaína.

 

¿Los fármacos son la respuesta?

En la Universidad de Michigan se descubrió que el antojo por las cosas dulces puede ser reprimido con naloxona, una poderosa droga usada en casos de sobredosis de heroína y morfina. Los investigadores le suministraron este fármaco a 14 mujeres que comían de manera compulsiva y excesiva (de las cuales ocho eran obesas) y a 12 mujeres de peso normal. Mientras se les aplicaba el medicamento por vía intravenosa, se les dijo que podían co-mer cuanto quisieran de una apetitosa variedad de golosinas. Cuando el remedio comenzó a surtir efecto, las que solían comer sin control perdieron interés en las delicias (las otras no cambiaron sus hábitos). Otro estudio realizado en Michigan con voluntarios que comían en exceso reveló que la naloxona sofocaba el placer que sentían al ingerir chocolates y galletitas.

 

Esto no significa que necesitemos un fármaco para dominar nuestro apetito, pero sí que existe una relación bioquímica entre los antojos y la adicción a las drogas. “No creo que debamos escandalizarnos por eso”, dice la doctora Pelchat. “Las drogas son nocivas porque estimulan los circuitos de gratificación con más fuerza y más rapidez que la comida, y porque nos llevan a desatender nuestras responsabilidades y a descuidarnos a nosotros mismos”.

 

La naloxona es demasiado fuerte para el uso cotidiano, pero hay quienes confían en que la droga medicinal rimonabant, en espera de la aprobación de la Dirección de Alimentos y Medicinas de los Estados Unidos, nos ayudará a bajar de peso y a dejar de fumar. De cualquier forma, es poco probable que un remedio cure los antojos, pues éstos no son racionales y, además, no todos son gobernados por un solo químico cerebral. “Un fármaco también podría bloquear otros placeres”, dice el doctor Levine, y no sería fácil diseñarlo, ya que los antojos afectan múltiples zonas del cerebro simultáneamente. En un estudio con imágenes por resonancia magnética de las reacciones cerebrales que se generan durante un antojo, la doctora Pelchat e investigadores de la Universidad de Pennsylvania descubrieron actividad en áreas relacionadas con las emociones, la memoria y la gratificación.

 

Actualmente, se está estudiando si sería posible obtener la misma gratificación cerebral por medios alternativos, como música, videojuegos, comprar zapatos... ¡Que los adictos a las compras tengan cuidado!

 

10 maneras de controlar los antojos

Domínelos ahora mismo y baje de peso. Éstos son algunos de los trucos más nuevos que le proponen los expertos:

  • Modifique sus hábitos. “Uno tiende a sentir antojo de lo que suele comer, así que si cambia sus hábitos alimentarios debilitará los viejos antojos y fortalecerá otros nuevos”, dice la doctora Marcia Pelchat. Esto sucede bastante rápido. Durante cinco días, los voluntarios de un estudio solo bebieron suplementos dietéticos insípidos; en ese período tuvieron menos antojos que antes y al final del estudio incluso preferían los suplementos a otros alimentos.
  • Los primeros días son siempre los más difíciles. Aunque tal vez no elimine del todo sus viejos antojos, cuanto más tiempo los ignore, menos aparecerán. De hecho, es probable que empiece a desear los alimentos de su nueva dieta, lo que sería excelente si ésta incluyera mucha fruta fresca.
  • Termine con las tentaciones. Si se compró unas galletitas y ya se arrepintió, destrúyalas. “Tirarlas no basta —échelas a perder. Se sentirá muy bien porque habrá terminado con su problema”, dice la doctora Caroline Apovian, directora del Centro de Nutrición y Control de Peso del Centro Médico de Boston. No piense en lo que gastó: si las galletitas no hubieran terminado en la basura, se habrían ido directamente a sus caderas.
  • Disfrute de unas nueces. Tome dos vasos de agua y 30 gramos de frutos secos (6 nueces, 12 almendras o 20 maníes). En 20 minutos cambiará la química de su cuerpo, por lo que podría desaparecer el antojo y disminuir el apetito, dice el doctor Michael Roizen, columnista de Selecciones.
  • Saboree un café. En vez de comer una golosina, beba un café descremado a pequeños sorbos. La cafeína no necesariamente terminará con el antojo, pero le saciará el hambre, con lo que ahorrará muchas calorías, señala el doctor Roizen. Además, la riqueza de su sabor y el hecho de seguir un ritual pueden distraerlo.
  • Relájese. Como el estrés es uno de los factores que más antojos llega a provocar, aprenda a manejarlo para evitarse el consumo de cientos de calorías diarias. Esto requiere de un poco de práctica. Pruebe hacer respiraciones profundas o visualizar una imagen serena. Puede acelerar las cosas con un disco de relajación.
  • Tome una siesta. Los antojos atacan cuando estamos cansados. Concéntrese en la fatiga: acuéstese, cierre los ojos y recárguese de energía.
  • Refréscese. Cepíllese los dientes y haga gárgaras con enjuague bucal de menta. “Cuando tiene la boca limpia y fresca no quiere echar a perder esa sensación”, señala la dietista Molly Gee, de la Universidad de Medicina Baylor, en Houston.
  • Distráigase. Si lo único que quiere es un chocolate, se trata de un antojo, no de hambre. “En general, los antojos duran diez minutos”, explica el doctor John Foreyt. Piense en otra cosa: llame a alguien por teléfono, escuche música, medite o haga ejercicio.
  • Consiéntese (con medida). Cada tanto está bien permitirse un helado, pero opte por uno pequeño, no un bote de medio litro. Si siente la necesidad de comerse una golosina, compre un paquete por vez (de preferencia que no tenga más de 100 calorías) para que no esté tentado a abrir otro. Y como incluso 100 calorías adicionales diarias pueden impedir la pérdida de peso, haga un trato consigo mismo para quemarlas: en una caminata enérgica de 15 minutos consumirá alrededor de 100.

Planee y evite. Cambie su rutina para no pasar frente a la panadería o la pizzería. Cuando sepa que se topará de frente con una irresistible torta de cumpleaños, guarde suficientes calorías para integrarla a su dieta.

 

 

Por Paula Dranov, la autora escribe sobre temas de salud en Selecciones

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