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Células Madre y Regeneración de Tejidos

Vidal Bota, Doctor en medicina y Presidente de la Asociación Catalana de estudios Bioéticos nos acerca a través de la revista Familia y Cultura una esclarecedora visión sobre un tema polémico y controvertido.

Pocos temas han estado más presentes en las páginas de los periódicos y han sido motivo de tanta polémica como el de las células madre. ¿Quién no ha oído hablar de ellas y de sus casi milagrosas propiedades curativas?

 

Para entender mejor la cuestión habrá que recordar que nuestro cuerpo está formado por células, las unidades vivas más pequeñas, agrupadas formando tejidos. En cada tejido hay varios tipos de células. La sangre, por ejemplo, es un tejido con glóbulos rojos (hematíes), plaquetas y diferentes tipos de glóbulos blancos (leucocitos).


Es importante recordar que a pesar de parecer idénticas, las células de un mismo tejido tienen una composición diferente en cada individuo, de manera que las de una persona no pueden trasplantarse a otra, si no es con tratamientos complejos. Es decir, si yo tengo determinadas células enfermas, no puedo sustituirlas con las de una persona sana. Si lo hago, mi cuerpo las reconocerá como extrañas y acabará rechazándolas.


Dado que el envejecimiento y la muerte son fenómenos propios de cualquier materia viva, las células también envejecen. Los glóbulos rojos de la sangre, por ejemplo, viven unos tres meses, durante los cuales van deteriorándose hasta morir. Entonces tienen que ser sustituidos por otros glóbulos más jóvenes. Continuamente se forman nuevos glóbulos, hasta que al cabo de tres meses se han renovado todos. Pero, ¿cómo se hace esta regeneración celular?


En cada uno de los tejidos hay una pequeña proporción de células muy inmaduras que cuando es necesario se desarrollan en diversas direcciones y originan un tipo celular u otro propio del tejido. Son las células madre, también denominadas troncales o estaminales (en inglés stem cells). Se encuentran en casi todos los tejidos y órganos del cuerpo, tanto antes de nacer como después. Su capacidad de transformación (plasticidad o versatilidad) es tal que hoy sabemos que también pueden dar lugar a células de otros tejidos. Un ejemplo: las células madre del tejido nervioso, por ejemplo, pueden madurar hacia células nerviosas adultas (neuronas) u originar células musculares, es decir, de un tejido diferente.


Es esta enorme versatilidad la que hace pensar en la aplicación futura de las células madre para sustituir tejidos dañados o desaparecidos como consecuencia de una enfermedad, un traumatismo o fruto del envejecimiento. Es el inicio de una nueva especialidad médica denominada medicina regenerativa.


La fuente de las células madre


Las células madre de la sangre se encuentran en la médula. Son conocidas desde hace tiempo y se utilizan para regenerar la sangre cuando, como consecuencia, por ejemplo, del tratamiento de una leucemia, pierde sus elementos celulares. Es el denominado transplante de médula.

Pero apenas hace diez años en Estados Unidos, y de forma independiente, dos investigadores, Gearhart y Thompson, consiguieron cultivar a partir de embriones humanos de pocos días de vida un segundo tipo de células madre: las células madre embrionarias.


Mientras que las células madre de los diversos tejidos corporales tienen capacidad regenerativa específica para aquel tejido, las del embrión humano joven pueden, cada una de ellas, dar origen a todas las células del cuerpo. Por eso se dice que son pluripotentes o totipotentes, a diferencia de las células madre presentes en los tejidos en edades posteriores (feto, recién nacido o adulto). Entonces ya están más maduradas y, de manera espontánea, sólo pueden originar los diversos tipos celulares propios del tejido donde se encuentran (se dice que son multipotentes).


Después del aislamiento de las células madre embrionarias hubo un gran alboroto propagandístico en el ámbito de los medios de comunicación no especializados. El mensaje fue que ya nos encontramos en las puertas de la curación de enfermedades hasta ahora consideradas incurables, como la diabetes, el Parkinson, la enfermedad de Alzheimer y muchas otras.

 

Manipulación informativa

 

El anuncio científico fue aprovechado por los grupos de presión. Al ver la oportunidad de conseguir notables beneficios para sus intereses respectivos, no dudaron en manipular la información hasta generar expectativas terapéuticas inminentes. El tratamiento privilegiado de esta temática en los medios de información produjo expectativas de mercado suficientes como para que las empresas biotecnológicas (Geron Corporation, etc.) invirtieran enormes sumas de dinero en esta línea de investigación. La ideología eugenésica, muy difundida en el mundo actual, no influía mientras tanto en la sociedad para intentar justificar la aparición de leyes que facilitaran la manipulación de embriones humanos. Así, los intereses económicos de las empresas de reproducción asistida salían beneficiados, y los gobiernos de los países industrializados encontraban la oportunidad de dar salida al problema pendiente de los embriones sobrantes de la fecundación in vitro.

 

Algunas de las líneas de esta desinformación interesada son las siguientes: En primer lugar, difundir un nombre inventado y equívoco para designar el embrión más joven, el de preembrión; utilizar el término seudoembrión para designar el producto de la transferencia nuclear (clonación), etc. Se trata de eufemismos dirigidos a disimular el problema real de la destrucción de embriones humanos, necesaria para obtener las células madre embrionarias. Otro aspecto de esta desinformación radica en el hecho de intentar esconder el fracaso de esta línea de investigación y la imposibilidad de aplicar las células madre embrionarias al tratamiento de enfermedades. Finalmente, se intenta disimular la existencia de una alternativa éticamente impecable y –cómo decíamos antes– de eficacia ya demostrada, la de las células madre adultas y de cordón umbilical.


Se ha demostrado que las expectativas puestas en las células madre embrionarias son falsas. No sirven para curar enfermedades. De hecho, han sido los científicos más relevantes los que han dado a conocer esta realidad. No me refiero ahora a intervenciones mediáticas irrelevantes desde el punto de vista científico, como las que a menudo se producen en nuestros medios de difusión. Me refiero a las declaraciones del propio John Gearhart, descubridor de las células madre embrionarias, que en 2002 ya reconocía el error, o las de Juan Carlos Izpisúa, investigador del Salk Instituto de California y director del recientemente estrenado Centro de Medicina Regenerativa de Barcelona. Con ocasión de la inauguración del nuevo centro, declaraba en La Vanguardia: «Ninguno de los ensayos clínicos hechos con células madre para regenerar el corazón de personas enfermas ha conseguido resultados positivos apreciables. Tampoco hay ninguna expectativa de que en un futuro cercano las células madre puedan curar la diabetes, y menos todavía el Parkinson. Los científicos hemos cometido errores suscitando expectativas que no se cumplirán, y creo que es prematuro iniciar ensayos clínicos con células madre» (19.5.2006).

 

Reencontrando el camino

 

En 2002, Catherine Verfaille hacía un gran paso adelante al conseguir cultivar células madre adultas procedentes de diversos tejidos. Estas células no presentan las mutaciones espontáneas ni producen rechazo inmunológico, y tampoco cáncer, efectos característicos de las células madre embrionarias. Las investigaciones de Verfaille van en la línea de ampliar al resto de tejidos humanos las técnicas de transplante de médula y de células madre de cordón umbilical. Esta dimensión de la medicina regenerativa ya es una realidad en el tratamiento de un número considerable de enfermedades hasta ahora incurables, si bien todavía se encuentra lejos de cubrir las expectativas inicialmente suscitadas en el terreno de las células madre.

 

División de la investigación

 

¿Por qué, pues, esta persistencia en la investigación con embriones humanos? Lo explican los mismos científicos implicados en esta línea de investigación: se trata de conocer mejor el inicio de la vida humana para después poder manipularla y conseguir aplicaciones tecnológicas en el campo, por ejemplo, de la procreática y de la reproducción asistida. Es un problema de distorsión en la jerarquía correcta de los valores humanos: o bien no reconocen el valor más importante de todos, la dignidad del ser humano desde su inicio en el momento de la concepción, o bien consideran superiores otros valores como la ciencia, las aplicaciones tecnológicas, el prestigio científico o el provecho económico que se puedan derivar de ello.

 

Biotecnología versus medicina regenerativa
Son claras las palabras que Izpisúa añadía a la entrevista mencionada antes: «La promesa básica de las células madre es que, si conseguimos reproducir artificialmente en el laboratorio la formación de tejidos y órganos que el embrión hace de manera natural en el vientre de la madre, entonces podríamos implantar estos tejidos a personas enfermas para curar órganos dañados. Pero lo que hace el embrión de manera aparentemente tan fácil es, en realidad, un proceso tan tremendamente complejo que pensar que tengo que poder reproducirlo en el laboratorio en un plazo de tiempo razonable es soñar sin sentido. No tiene ningún fundamento. Es una cosa ilusoria, ciencia-ficción: nada más.»


Y más adelante manifestó abiertamente: «No creo que tengamos que dejar de lado las investigaciones con células madre embrionarias, porque revelarán misterios sobre problemas básicos del desarrollo de un ser humano que comportarán avances hoy insospechados. Pero es cierto que un organismo adulto tiene mecanismos para regenerarse y que, si los investigamos a fondo, fructificarán antes en resultados prácticos.»

 

Queda bien clara, pues, la doble línea de investigación que se engloba en la denominación conjunta de células madre. Por una parte, la línea biotecnológica, ajena a toda medicina, es una investigación puramente biológica, aplicada en todo caso a las exigencias del mercado a través de las empresas del sector.


Por otra parte, la investigación dirigida a hacer medicina regenerativa es una línea que ya puede sentirse vinculada a la medicina y, por lo tanto, se trata de una investigación al servicio de los enfermos, una línea profesional comprometida en la investigación con células madre adultas. Es una actuación sometida a los principios éticos de la medicina más básicos e irrenunciables: con respecto al paciente, no hacerle nunca daño y considerar siempre al paciente concreto que tenemos ante nosotros –adulto, niño o no nacido– como el centro de toda actuación profesional.

 

 

Fuente: Artículo escrito por Joan Vidal-Bota para Familia y cultura, Revista de orientación familiar. Asociación FERT. Barcelona, 2006. N° 273.

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