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Quién es Quién en la Sala de Partos

La llegada de la mamá al lugar de internación, es de por sí, un momento de ansiedad. Empieza el trámite de ingreso, aparece gente que hace preguntas, se piden datos que a la parturienta le parecen, a esas alturas, irrelevantes: ¡Vine a tener a mi hijo!, quisiera gritar. Sin embargo, ya en la sala de partos, todo está dispuesto para colaborar con el mismo objetivo que tiene ella. No hay nada de qué preocuparse. Todos están allí a su servicio: Pero, ¿quiénes son?

 

Cuanto más sepa la mamá sobre qué puede ocurrir en cada trimestre de su embarazo, menor temor sentirá cuando aparecen esos síntomas típicos: tal o cual molestia no es extraña ni la vive ella sola, es común para todas las embarazadas. De la misma manera, cuanto más se conozca de cómo es el parto, qué ocurrirá ese día en la sala de nacimientos, quiénes van a estar y haciendo cuáles cosas, mejor. La mamá se sentirá tranquila y segura, confiada y sin miedos. Para disminuir la ansiedad, nada mejor que saber qué sigue después. Así, por ejemplo, la aparición de un neonatólogo no la hará pensar “algo malo le ocurre a mi bebé”, sino por el contrario: “Qué bueno, está en las mejores manos”.

 

¿Cuáles son las presencias habituales? En primer lugar, las presencias más esperadas por la embarazada son la de su médico personal, aquél que ha seguido la evolución del embarazo y la conoce; la de la partera u obstétrica, en lo posible, la misma con la que se ha realizado el curso preparto o, al menos, la que trabaja habitualmente con el obstetra que asistirá el parto. En ese caso, es conveniente sostener algún encuentro con ella antes del momento final, a partir del séptimo mes, por ejemplo. Por supuesto, otra de las presencias esperadas por la mujer, es la del papá del bebé. Si este la acompaña, mejor, y más todavía si ha podido compartir con ella la formación anterior al parto, porque desde su posición de “fuera” podrá colaborar más racionalmente con las acciones necesarias en ese momento de tantos nervios. No siempre es así, y existen no pocas historias de cómo los maridos acaban siendo atendidos por una enfermera llegado el momento, pero por lo general, se sacan fuerzas para estar junto a la mujer, darle ánimo y ayudarla.

 

El anestesista es otra presencia clave en el parto. Algunos médicos –y también embarazadas- no acuden a la famosa inyección peridural, por distintos motivos. Por ejemplo, hay mamás que sienten orgullo de llevar adelante el parto del modo más natural posible, con dolor incluido, o sienten que pueden manejarlo por sí solas. Por su parte, también algunos obstetras apuestan a que las pacientes trabajen de esa manera y eviten los riesgos de una anestesia. Sin embargo, la mayoría de los médicos saben que hoy, en ciertas condiciones y con algunos profesionales de su total confianza, estos riegos son casi inexistentes. Es importante para la mujer que el anestesista también se acerque a ella, cruce algunas palabras previas, y no que aparezca como un invasor desconocido que se acerca por detrás para inyectarla. La partera colabora en ese proceso, sosteniendo a la embarazada que, sentada al borde de la camilla, se inclina hacia delante en posición casi fetal, ofreciendo su columna para que el anestesista coloque la aguja en el lugar exacto entre las vértebras. De esa manera, a los pocos minutos, la mamá no sentirá dolores desde la cintura hacia abajo, sin sufrimientos. En los casos de partos quirúrgicos o cesáreas, la peridural es obligatoria. No es necesaria, como se usaba antes, la anestesia general; la mamá puede ahora participar del nacimiento de manera más activa, a la vez que se recupera mejor y más rápido.

 

Además de las enfermeras instrumentistas y las que controlan todos los signos vitales de la mamá y del bebé durante ese momento, la presencia del neonatólogo es hoy muy importante. Según el Dr. Tacconi, argentino especialista en neonatología por la Universidad de Roma, su presencia no se consideraba necesaria hasta hace poco tiempo. Sin embargo, expresa, “pueden surgir dificultades no previstas y él (el neonatólog) es el único capaz de solucionarlas. Tendrá todos los elementos preparados para el control del recién nacido” y para asistirlo, en caso de que sea necesario.

 

Como puede verse, el parto no es un momento en que la mamá está sola. Todo lo contrario, está acompañada y en las mejores manos. Cada uno de los profesionales pondrá lo mejor de su talento para celebrar la vida que está naciendo. Pero también estará el afecto indispensable y, sobre todo, estará el recién nacido, listo para recibir y para dar alegría.

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