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Eclampsia: Claves para la Prevención

Inexplicable, sorpresiva y violenta, la eclampsia es tal vez la enfermedad más temida del embarazo y puede provocar serias complicaciones para la mamá y el bebé. Por eso, una parte importante de los controles prenatales está destinada a detectarla oportunamente.  

 

En griego, la palabra eclampsia quiere decir brillo o resplandor súbito. Sin embargo, su significado en el mundo de la medicina poco tiene de luminoso: es una de las enfermedades más graves que pueden ocurrir durante el embarazo.

A grandes rasgos, consiste en una modificación de los vasos sanguíneos que nutren la placenta, que lleva a reducir el flujo de sangre que llega al bebé, provocando retrasos en su crecimiento y otras complicaciones graves tanto para el bebé como para la madre. El origen de esta enfermedad está en un inesperado e inexplicable aumento de la tensión arterial durante el embarazo, que afecta a 7 de cada 100 mujeres gestantes y es denominado hipertensión asociada al embarazo.

 

Cuando esta hipertensión viene acompañada por anormalidades en la función del riñón, se habla de preeclampsia. Esta forma de la enfermedad se manifiesta en la retención de líquidos en otros órganos (edema) y concentraciones altas de proteínas en la orina. Por esto último es que el examen de orina es parte de la rutina de control prenatal.

 

La eclampsia es la complicación más grave de la enfermedad. Ocurre cuando la preeclampsia llega a implicar al sistema nervioso central, provocando convulsiones sin previo aviso, generalmente, cerca del momento del parto. El tratamiento consiste en suministrar oxígeno y fármacos para los ataques y alejar al paciente de estímulos luminosos y sonoros. Esto evita el progreso de la enfermedad pero la única cura verdadera es inducir la terminación temprana del embarazo mediante cesárea o inducción. 

 

Sin embargo, el mejor camino no es combatir la eclampsia, sino más bien prevenir su antecedente. Como se explica en el libro Concepción, embarazo y parto de Miriam Stoppard: “El tratamiento adecuado de la preeclampsia puede impedir que evolucione en eclampsia. El pronóstico para una embarazada con preeclampsia benigna es muy favorable cuando los cuidados médicos son los apropiados y el resultado del embarazo es prácticamente el mismo que el de una mujer que tiene una presión sanguínea normal”.

 

 

¿Quiénes corren mayor riesgo?

 

Existe mayor tendencia de padecer estas enfermedades en mujeres con embarazos múltiples, las adolescentes o mayores de 40 años, las que padecen de hipertensión crónica y las que están en su primer embarazo.

 

 

¿Cuáles son sus principales síntomas y signos?

 

Un aumento de la presión sanguínea generalmente a 160/100 o más, mayores cantidades de albúmina en la orina, visión borrosa, jaquecas, fiebre, frecuencia cardíaca rápida, confusión, orina escasa, dolor fuerte en la parte alta del abdomen, reacciones reflejas exageradas (de ahí el nombre), inquietud, convulsiones y/o función renal anormal. También puede haber restricción de crecimiento en el bebé y cantidades inadecuadas de líquido amniótico en el útero. Suele aparecer en la segunda mitad del embarazo.

 

 

¿Cómo se puede detectar?

 

En los controles prenatales, mediante el control de la presión arterial, análisis de orina y de sangre y comprobación de los reflejos.

 

 

¿En qué consiste el tratamiento?

 

En caso de preeclampsia leve, está enfocado a reducir la presión sanguínea a través de la dieta, el ejercicio físico, la disminución  de estrés y, en caso necesario, la medicación. Es fundamental guardar reposo, consultar con frecuencia al médico y evaluar regularmente la situación del bebé.

 

 

¿Cómo se puede prevenir?

 

El riesgo de esta enfermedad se puede reducir administrando a las mujeres de alta predisposición una dosis diaria de aspirina, suplementos de calcio y una buena nutrición, todo bajo supervisión médica.

 

Hay muchas teorías sobre esta enfermedad. Algunos la consideran una “alergia” del cuerpo de la madre ante el “objeto extraño” que es para ella el bebé. Otros creen que el riesgo es mayor en bebés cuyas abuelas (materna o paterna) la hayan sufrido.  Aún quedan zonas oscuras y mucho por descubrir. Mientras la ciencia desentraña los misterios de esta indeseable enfermedad, la prevención y la detección temprana son las mejores cartas.

 

 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

 

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