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Cambios en el Matrimonio cuando Llega el Bebé

La falta de tiempo y la mente puesta en las nuevas tareas de madre son, entre otras, causa de cambios en el matrimonio. ¿Cómo recuperar la intimidad perdida cuando hay tantas exigencias y necesidades puestas en otro lugar? Paciencia y flexibilidad, las claves para salir del dilema.

 

 

 

Antes del Bebé

 

El papá está feliz con el nacimiento de su nuevo hijo, de eso no hay duda. Pero no parece terminar de mostrarse "cómodo" con la nueva situación. Y es que bastante esfuerzo hizo por adaptarse a las vivencias del embarazo de la mamá, al protagonismo de su cuerpo, los cuidados y atenciones puestos en ella... Tal vez, consiguió integrarse y vivenciarlo todo de a dos. ¡Pero ahora le llega una nueva adaptación! Mucho suele hablarse de los nuevos vínculos entre mamá y bebé, o entre el bebé y el mundo; pero poco se dice sobre la "adaptación" del papá a todas estas nuevas realidades. Y esta situación, tanto para él como para su mujer, requiere de tiempo.

 

El papá de hoy está, indudablemente, más integrado que los de una generación atrás, y eso es tiempo ganado. Por eso, durante el embarazo, todo intento de vivir juntos el crecimiento del hijo será beneficioso para recuperar el trato íntimo después, siempre y cuando aquella vivencia compartida de los momentos de gestación haya guardado un lugar especial para el rol de padres y esposos, y no sólo se hayan centrado en el bebé y el futuro de la mamá. Por ejemplo, sabiendo descubrir el erotismo presente que tiene el cuerpo de la mujer embarazada, lo que pued ser fuente de mayor placer  si cada uno de los cónyuges sabe darle su lugar y su momento.

 

 

Llega el Bebé

 

Sin embargo, mucho esfuerzo y mucha participación de parte del papá durante ese primer período (en cursos de preparto o en el nacimiento mismo), no bastan para continuar o recomenzar una relación plena entre varón y mujer luego del parto. En el plano físico, la mujer vivirá el cansancio y la atención puesta en las demandas del bebé, algo que el papá tiene claro y en lo que, generalmente, muestra su predisposición para ayudar. Pero también se hacen presentes una serie de cambios emocionales que influyen en la nueva situación, y que tienen que ver con la historia de la pareja, las creencias y mandatos, o la propia historia familiar y personalidad.

 

Una vez pasados los días de acomodamiento físico, la atención del varón y de la mujer se vuelven hacia sí mismos, y hacia el otro, su marido. Ella puede encontrarse menos sexy , por su peso o su cansancio; o puede descubrir en el cuerpo ganado un grado de atractivo especial y cuidar su imagen. La seguridad en sí misma, la confianza, pueden lograrlo. "Yo sentía orgullo por ser madre, en un mundo que valora la productividad; eso me hacía sentir especial, más valiente", cuenta Cecilia de su experiencia de posparto, y añade: "Creo que esa seguridad me daba una fuerza especial, la idea de que podía lograr lo que quisiera". Si cada mujer sabe encontrar ese aspecto que la hace única y diferente, y lo vive como ganancia, podrá enfrentar a los demás -incluido el marido- con la sensualidad que es capaz de irradiar cualquier mujer que sabe quererse bien.

Lo fundamental para reconstruir la intimidad es tener paciencia para dejar pasar unos días y flexibilidad para adaptarse a la situación nueva sin pérdidas de cosas importantes, que estaban ya ganadas en la pareja o que, incluso, podrán ser sorpresas agradables que llegan con la maternidad.

 

Algunas de ellas, mientras ese tiempo transcurre, pueden incluir:

 

  • No esperar a que el tiempo para el matrimonio "llegue", hay que hacerlo . Por lo tanto, buscar una persona que se quede con el bebé un rato es muy recomendable. No es necesario pensar en una salida nocturna (para muchas mamás puede ser una exigencia desmedida, en tiempos de lactancia y mal dormir), pero un encuentro para almorzar o tomar café a la tardecita, puede ayudar, y mucho.
  • Saber que, necesariamente, habrá un período de transición en el matrimonio, un tiempo de acomodamiento, y no pretender que todo será igual a como era antes. Hablarlo entre los dos sirve para aceptarlo y no vivir buscando ilusiones perdidas.
  • Resistir la tentación de caer rendida en el sillón cuando el bebé finalmente llega a dormir unas horas al entrar la noche. En lugar de eso, preparar una cena especial o, simplemente, alquilar una película y sentarse juntos a verla, compartiendo algún chocolate.
  • Sorprender y ser creativa. Por ejemplo, una visita al trabajo o una llamada para proponer ir juntos a ver un regalo puede servir para despertar otra vez la ansiedad del encuentro de los dos. La misma función puede cumplir una notita cariñosa dejada a la mañana entre sus cosas.
  • Tomar los fines de semana como tales: lograr que se note una diferencia -¡agradable!- con el resto de la semana. Por ejemplo, programando una salida en familia, una visita a un parque nuevo o, sencillamente, caminar al sol por las veredas del barrio.
  • Crear rituales que salgan de la estructura. La salida a caminar o tomar algo, incluso con el bebé, cuando el papá llega de trabajar y se relaja, puede servir para desconectarse de lo que cada uno vivió por separado las horas antes y, entonces, volver a entrar en contacto los dos y con el bebé, si sólo hay un hijo. Si hay más chicos, los rituales pueden ser para la pareja o alternar con otros que los integren a los hermanos también a la nueva rutina. Por ejemplo, una vuelta con bicicletas, un helado en verano, un libro de cuentos en casa, según las posibilidades y gustos.
     

  

Lo importante en el período de posparto, en que el sexo quedó relegado, es desarrollar habilidades para la comunicación en el matrimonio, para aprender a contar lo que se siente, para saber escuchar y comprender. Esa habilidad comunicativa puede, además, abarcar niveles a lo mejor inexplorados todavía en la pareja, como el contacto físico por medio de masajes y caricias, aunque el encuentro sexual no se concrete. Todo ese cariño ayudará a mantener el interés y el entusiasmo por estar juntos, y será más fácil recuperar la intimidad sexual cuando uno menos lo planifique.

 

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