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Estimulando al Bebé desde el Comienzo del Embarazo

En esta nota, la Lic. Griselda Geuze del Centro Ser Mamá, cuenta cómo desde el primer trimestre de gestación, el bebé recibe los estímulos que provienen del cuerpo y de los sentimientos de su mamá. Así, entre las semanas 1 y 13 se reconocen factores concretos que contribuyen a formar la relación entre los dos, antes de nacer.

 
 

 

Al enterarse de su embarazo, la mujer comienza a sentir de una manera diferente: las emociones se entremezclan y generan sentimientos ambiguos. Por un lado, la alegría de tener un hijo, la sorpresa de la confirmación de estar embarazada, la emoción de saber que está ante un cambio enorme, y al mismo tiempo, por el otro lado, las dudas, el crecimiento de las preguntas sobre su futuro, los miedos sobre la maternidad, el bebé y el parto. Estos sentimientos encontrados suelen desvanecerse durante el segundo trimestre, pero durante las primeras trece semanas crean un estado de ambivalencia en la mujer. Las consultas al obstetra, los primeros estudios y los malestares típicos de los tres primeros meses son los que permiten mayor conciencia del embarazo, ya que el cuerpo aún no da señales exteriores, y el bebé, aunque está en plena formación, todavía no es percibido por su mamá. Por todo esto, es difícil para la mamá comenzar a comunicarse con su hijo. Muchas mujeres comentan que sienten como si estuvieran hablando al aire porque el bebé no va a entender las palabras que ella pueda decirle. 

 

Hasta este punto la descripción del primer trimestre del embarazo es igual tanto para la mujer del siglo XIX como para la del siglo XX. Sin embargo, los avances de la ciencia han demostrado a fines del siglo XX que la estimulación prenatal ha modificado completamente la relación inicial de la mamá con el bebé y la forma de vivir el embarazo. Esa comunicación es decisiva para sentirlo como una etapa de crecimiento mutuo, del bebé que está en su formación corporal, emocional y madurativa dentro del vientre materno y en plena relación con el exterior; y de la mamá, porque al saber lo que sucede con su hijo se predispone de otra manera y cursa el embarazo, desde el primer trimestre, sintiéndose más conciente de su nacimiento como mamá.

 

Hay evidencias que revelan que el bebé puede oír, ver, saborear, sentir y moverse dentro de la panza. Estas no son capacidades que aparecen repentinamente en el momento de nacer. Se ha comprobado que se mueve y experimenta cambios de la frecuencia cardíaca y de las ondas cerebrales como una respuesta al mundo exterior, como cuando percibe que le hablan a él, oye música o siente que es acariciado por su madre. Así, r econocidos científicos en el campo prenatal, como Thomas R. Verny y el Dr. Rene Van de Carr han demostrado que los bebés estimulados en el útero tienden luego a dormir mejor y están más vivaces, tranquilos y contenidos que los que no fueron estimulados. Son más fáciles de calmar, demuestran mayor confianza, son más activos en el nacimiento y suelen ser más exitosos en la experiencia del amamantamiento.

 

Asimismo, investigaciones realizadas por la Dra. Manrique en más de 700 bebés estimulados en el vientre materno, demostraron la incidencia de la estimulación prenatal en la inteligencia y los aprendizajes del bebé, al menos hasta la primera infancia en que fueron evaluados. La inteligencia se midió con la escala Stanford-Binet, y mostró que los niños estimulados antes de nacer presentan, a los tres años, un coeficiente intelectual mayor de 14 puntos por encima de los niños no estimulados. En los infantes medios estimulados se observaron puntajes constantemente más arriba que el grupo de control no-estimulado en la escala de Brazelton para el desarrollo neurológico y de comportamiento, y en la escala de Bayley para el desarrollo mental y del motor.

 

Como puede observarse, la incidencia de la estimulación y la comunicación prenatal es de suma importancia para la mamá y su hijo, ya que permite un mejor desarrollo emocional y madurativo y, al mismo tiempo, un vínculo afectivo más temprano entre el bebé y sus padres. Muchas mamás sienten la necesidad de este tipo de contacto con sus bebés y realizan una estimulación similar sin saberlo; por eso, alcanzan resultados parecidos, basados en el mismo amor que ponen quienes llevan adelante un programa sistemático. En él aparece de modo patente el deseo de establecer una comunicación consciente con el bebé, tanto por parte de la mamá como por parte del papá.

 

La propuesta de estimulación prenatal tiene en cuenta el desarrollo de la visión, la audición, el ritmo, el equilibrio, el espacio, el tacto. Estos cuatro últimos son los que pueden estimularse desde las primeras semanas del embarazo. Debido a que se trata de establecer un vínculo personal con el bebé, es importante darle un nombre o, si aún no se conoce su sexo, llamarlo por algún sobrenombre o solamente “bebé”, saludarlo todos los días y comentarle siempre lo que está sucediendo. El bebé percibe la felicidad de su mamá y también la tristeza, sentimientos que comienzan en su vida intrauterina y que continuarán más tarde. Poniéndole palabras a las emociones, la mamá ya esta acompañando a su hijo en sus primeras etapas de crecimiento.

 

 

La autora de la nota, la Lic. Griselda Geuze es especialista en Comunicación y Estimulación Prenatal, y directora de Ser Mamá, centro en donde se practican las actividades de estimulación prenatal mencionadas en la nota.

 

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