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Ser Indispensables

Ser indispensable para su hijo es una satisfacción que la mamá experimenta (sobre todo en los primeros tiempos de la crianza) y a veces también puede ser una carga. ¿Cómo conservar tiempo para sí misma?  

 

 

 

Cuando llega el momento de la ansiada maternidad, incluso para las que ya tienen otros chicos, llega también la dificultad de encontrar un tiempo para sí mismas. El bebé, que depende totalmente del adulto para subsistir y para desarrollar todos los aspectos de su ser (intelecto, sensibilidad, afectividad, etc.), absorbe a su mamá porque la necesita y la quiere. Si nos detenemos a pensarlo bien, se trata de una experiencia maravillosa, la de ser indispensables. ¿Cuántas veces se sufre por creer que alguien que amamos se muestra indiferente? Con los hijos sucede todo lo contrario: no dejan de expresar lo mucho que les hace falta su mamá, pero eso a veces se puede tornar un poco agobiante también.

 

Por un lado, un ser que siente que no es reemplazable –como una mamá- lleva sobre sí una presión adicional, además de sentirse "halagado". Por otro lado, la tarea de estar disponible “a tiempo completo” puede llegar a agotarla. Lo que sucede es que las cosas no deben ser necesariamente de ese modo, aunque  a veces se vivan así.

 

Si bien es cierto que el recién nacido se calma en el pecho de su madre como no puede lograrlo ninguna otra cosa, eso no significa que el bebé quiera una mamá estresada ni autómata, que responda a sus reclamos sin respiro. Por el contrario, una mamá feliz y satisfecha (aunque a veces esté cansada, como cualquier ser humano bajo una situación de exigencia) será quien mejor pueda prodigarle a su bebé  el afecto que él necesita para crecer. Según las investigaciones más recientes, cada contacto afectivo, cada caricia, desarrolla en el niño un área determinada del cerebro: las emociones tienen una existencia concreta en sustancias bioquímicas que el cerebro produce. Y aquí viene un hallazgo fundamental de los investigadores de la inteligencia emocional: las influencias más notables para el resto de la vida se graban en los primeros tres años. A partir de ese tiempo, las células del cerebro ya no se multiplican más.

 

Cada sonrisa materna, cada susurro o canto despierta nuevas conexiones neuronales que sentarán las bases de algunas aptitudes del bebé. Por eso, los psicólogos sostienen que el afecto que reciba el bebé es tan indispensable para su vida, como el alimento y el oxígeno.

 

Difícilmente un bebé criado en el seno de una familia cariñosa esté en peligro de que alguno  de estos elementos le falte para poder crecer. Pero es bueno recordar lo determinantes que son los primeros contactos y palabras de cariño para darse cuenta también de que esto se dará de manera más lograda si la mujer siente la maternidad como una realización y una apuesta y no como una carga pesada, que debe vivir sola.

 

¿A dónde va la vida propia, entonces? Darle un espacio es tan vital como planear uno para compartir con el bebé. La buena calidad de la vida interior –que implica un tiempo personal de descanso, de placeres, de conocimientos- permitirá una mejor relación con las otras personas del entorno. El  mensaje es uno y es sencillo: lo que importa es alimentar la afectividad en todos los órdenes y en las diferentes relaciones, sin olvidarse de uno mismo.

 

La mamá que está transitando los primeros días de su post parto encontrará muy difícil cultivar el tiempo para sí misma. Algunas ocasiones, sin embargo, pueden organizarse, y para los primeros días ¡hasta le resultará toda una aventura salir a comprar algo en la misma cuadra de su casa! Incluir al bebé en la salida no es negar su intimidad, así que si se desea pasar más tiempo fuera de casa, habrá que preverlo. Entre cambios de pañal pueden hacerse también algunas escapadas, y si es con amigas, mejor. Tanto se puede evitar caer en una conversación sobre pañales o llantos nocturnos, para despejar de verdad la mente, como querer hablarlo a fondo para poder procesarlo.

 

Marcela cuenta que, con su primer hijo, había llegado a un punto en que se sentía encerrada. “Creía que era inevitable”, recuerda, “y no me daba cuenta de que la solución no era tan complicada. Una tarde fuimos a la casa de unos amigos y, mientras daba el pecho a mi hijo, surgió una conversación sobre la última película de Woody Allen. En ese momento, el esposo de mi amiga propuso que ella y yo nos fuéramos a verla. Me parecía imposible, pero igual miramos el diario y todo era perfecto: la sala estaba cerca; la película, que duraba poco, iba a empezar en unos minutos más. Terminé de dar el pecho y tuve dos horas libres para mí, y me parecieron una conquista gloriosa.”

 

Una tentación en la que suelen caer algunas mamás primerizas es la de querer resolverlo todo ellas mismas, sin animarse a confiar en que otra persona logrará entender tan bien a su bebé como ella misma. Probablemente esto sea cierto, pero no significa que el papá, la abuela o la persona que ayuda en la casa no sepan prodigarle afecto y cuidados de una manera que es también importante para él, y que además esto permita un descanso en la mamá.

 

Un buen modo de pensar la situación es considerar que incluso el tiempo que una mamá dedica a sí misma, es un tiempo que en última instancia beneficiará a su bebé, ya que estando tranquila y descansada,  tendrá un mejor estado de ánimo para continuar el trabajo especial que es ser mamá.

 

 

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