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Enfermedades de Verano

Cuando aprieta el calor, el riesgo es la deshidratación, a la que se llega por vía de las diarreas y las insolaciones. ¿Cómo prevenir estas enfermedades y disfrutar de un verano sin riesgos?

Así como en invierno abundan las gripes y los resfríos y en la primavera explotan las alergias, en el verano también se registran enfermedades estacionales, causadas por el calor en algunos casos, y por los hábitos de recreación y vacaciones, en otros. Los bebés y niños pequeños son dos de los grupos de mayor riesgo.

 

El riesgo principal en verano es la deshidratación, que es una pérdida excesiva de líquido y sales minerales, como el sodio y potasio. En épocas de calor, los niños deben ingerir mucha más agua -no jugos ni gaseosas- que de costumbre. Muchas veces los chicos no manifiestan tener sed y, aun si lo hacen, es importante recordar que esta sensación aparece cuando el cuerpo ya lleva entre 20 y 30 minutos levemente deshidratado. Hay que asegurarse de que tomen agua durante todo el día y especialmente cuando hagan actividad física, 30 minutos antes y cada 20 minutos durante el tiempo que dure.

 

La mayoría de las veces, el cuadro de deshidratación aparece como consecuencia de otras dos enfermedades típicas del verano: la diarrea y la insolación.

 

La diarrea, según explica a doctora María E. Sordo,  es "la disminución de la consistencia, aumento de la frecuencia de las deposiciones habituales del niño o ambas características. La materia fecal puede ser más blanda, desligada o líquida, o más frecuente". Puede ser causada por virus, bacterias o parásitos o por la ingesta de determinados medicamentos o alimentos en mal estado. ¿Y por qué aumenta su frecuencia en verano? Por un lado, aumentan los vectores -medios de transmisión-, como las moscas y otros insectos. Además, las altas temperaturas exigen buena refrigeración para los alimentos perecederos, algo que no siempre se cumple en los lugares de veraneo. Asimismo, en estas situaciones los hábitos de higiene suelen modificarse debido a la ausencia de las instalaciones necesarias para lavarse las manos o limpiar los alimentos.

 

Las insolaciones se producen como consecuencia de la exposición al sol y se caracterizan por el dolor de cabeza, la fatiga y los escalofríos. Una insolación en un chico es grave: no sólo por el estado de malestar y el riesgo de deshidratación, sino por el daño en su piel. Como indican las estadísticas "en los primeros 18 años una persona recibe el 80% de la radiación solar que recibirá durante toda su vida".  

 

En los dos casos se produce una importante pérdida de agua, que puede llevar a una deshidratación. Ante síntomas como el llanto sin lágrimas, la sequedad en la boca, una menor cantidad de orina (no moja el pañal), los ojos hundidos y una pérdida de energía (duerme más y juega menos), urge comunicarse con el pediatra.

 

Como medidas preventivas, se recomienda:

 

Alimentación: en forma frecuente y sin esperar a que los pidan, ofrecer a los niños agua o jugos naturales; evitar las bebidas muy frías o que tengan cafeína o azúcar en exceso, así como los líquidos o las comidas calientes o pesadas. Cocinar con mayor cantidad de sal que lo habitual.


Hábitos y actividades: bañarlos o mojarles todo el cuerpo con frecuencia; proponer actividades tranquilas y evitar juegos intensos. Procurar que permanezcan en los lugares más frescos y ventilados. De ser posible, estar por momentos en ambientes con aire acondicionado frío, en su casa o en los lugares públicos que lo posean. Vestirlos con ropa holgada, liviana, de algodón y colores claros o mejor aún, desvestirlos. Nunca se los debe dejar dentro de un vehículo estacionado y cerrado.


El sol: evitar que transiten y jueguen expuestos al sol, menos aún en horario del mediodía o antes de las 17 horas. Si deben hacerlo, ponerles sombrero de ala ancha, usar protectores solares (factor 15 o mayor) y hacer frecuentes descansos a la sombra.

Con el calor, es frecuente que aparezca el sarpullido en el cuello, la parte superior del pecho, las ingles y en los pliegues de los codos. Se produce por la obstrucción de las glándulas sudoríparas. Lo más importante, en estos casos, es mantener la zona afectada seca. 

 

Otro grupo de enfermedades de verano se produce por los hábitos de recreación, especialmente el uso de piletas. La conjuntivitis es una inflamación de la membrana que recubre los párpados (la conjuntiva) y es frecuente en niños que pasan mucho tiempo en las piletas con agua clorada. La otitis también se asocia con el agua, por pasar mucho tiempo mojado y no secarse adecuadamente el  área de la cabeza  orejas. Las micosis, enfermedades causada por hongos, suelen aparecen entre los dedos de los pies, cuando no se secan adecuadamente o se utiliza calzado sin ventilación. Por último, en las inmediaciones de las piletas al aire libre suelen abundar las abejas y avispas y los chicos son quienes más frecuentemente sufren las picaduras. Si el niño es alérgico, urge acudir al centro de salud más cercano. De lo contrario, hay que aplicar hielo -nunca barro-, extraer cuidadosamente el aguijón y limpiar la zona.

 

Deshidratación, diarrea, insolación, sarpullido, conjuntivitis, micosis, picaduras. El verano trae su artillería de enfermedades. Cuidar los hábitos de higiene y consumir abundante agua son las claves para pasar un verano sin riesgos.

 

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