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Las Neovidas

Más del 80% de los argentinos desea modificar o mejorar su estilo de vida. Pero sólo algunos pocos se animan a desarrollar sus vidas de acuerdo a lo que necesitan y sueñan. Los protagonistas de estas páginas lo lograron. Conocelos.  

¿Y si vivimos diferente?

 

 
Vivimos inmersos en la cultura de la queja y el consumismo. Tenemos ganas de vivir diferente, de una manera más auténtica, pero no nos atrevemos. Dejémonos contagiar por personas que sí se animaron.
 
 

 

El poeta norteamericano Henry David Thoreau (1817-1862) tenía 28 años cuando tomó la audaz decisión de irse a vivir al bosque, en completa soledad, para encontrar claridad sobre lo que quería para su vida. Allí permaneció dos años, con la intención de estudiar la naturaleza. Y en ese tiempo llevó un estilo de vida diferente, atípico. Al volver a la ciudad, pudo compartir, a través de sus escritos, verdades profundas como ésta: “Si una persona avanza confiadamente en la dirección de sus sueños y trata de vivir la vida que imagina, encontrará un éxito inesperado. Su vida, tanto interior como exterior, será regida por nuevas leyes universales. Traspasará barreras invisibles, viejas leyes serán ampliadas e interpretadas a su favor de un modo más liberal, y empezará a vivir bajo leyes de una orden de seres más elevados”.

 

 

Thoreau representa, hasta el día de hoy, un verdadero paradigma para aquellas personas que decidieron ser fieles a sus deseos más profundos y llevaron vidas auténticas, contra todo: léase convenciones sociales, apariencias, modelos establecidos, expresiones de violencia… En esa lista podría mencionarse a muchos otros que, fieles a sus convicciones y valores, tuvieron vidas diferentes, como el propio San Francisco de Asís, con su modo de vida austera y su fidelidad a las enseñanzas de Jesús; John Lennon, haciendo la paz con amor contra la guerra, o la recientemente fallecida Irena Sendler, a quien homenajeamos semanas atrás, una mujer que se animó a vivir para los demás, al punto de arriesgar su propia vida salvando a miles de niños en los tiempos del Holocausto.

 

 

Los modelos se multiplican y están ahí, como fuentes de inspiración. De cada uno de nosotros depende orientar mejor nuestros deseos y capacidades, bucear en el interior para desarrollar la vida que imaginamos.

 

 

¿Cuántas veces nos sentimos agobiados por la rutina, las responsabilidades y con unas ganas inmensas de compartir que terminan ahogándose en la soledad de las cuatro paredes de un departamento, o una oficina? Aun si hacemos, en muchos casos, lo que nos gusta, no logramos adaptarlo y ponerlo en armonía con un estilo de vida que nos identifique y facilite nuestra búsqueda de felicidad, calma, creatividad…

 

 

Nos quejamos. Son tantas las veces en que no nos sentimos a gusto que lo expresamos de manera intermitente, y ya casi no nos damos cuenta. A veces, da miedo o vergüenza abrir los ojos y pegar por fin el salto, subirnos a ese viaje tan postergado desde hace tanto tiempo; vivir más cerca de la naturaleza y llevar una alimentación mejor; alejarnos del consumismo y desarrollar una vida familiar más armoniosa. 

 

 

O rodearnos de seres sensibles a nuestra manera de ver el mundo.

 
Como señala la psicóloga Vivian Loew, con voz de experta, “en un tiempo en que caducaron algunos viejos modelos que creyeron ver en el progreso y el crecimiento económico una puerta a la felicidad, cada vez hay un mayor número de personas buscando estilos de vida diferentes”.
 

 

Todos ellos persiguen la autenticidad y han decidido conectarse con sus propios deseos a partir de una convicción que les ha permitido sumergirse en experiencias creativas y contagiar a otros para anclar en el presente. Para estar verdaderamente presentes.

 

 

“Me fui a vivir a los bosques porque quería vivir a conciencia, enfrentar solo los hechos de la vida y ver si podía aprender lo que tenía que enseñarme. Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida... para no darme cuenta, en el momento de morir, que no había vivido”, escribió Henry David Thoreau, en su estadía voluntaria lejos de la ciudad.

 

 

Un siglo y medio y después, nosotros también podemos intentarlo. Los índices señalan que más de un 80% de los argentinos, hombres y mujeres, desean modificar y mejorar su estilo de vida. A ellos va dirigida esta nota. A todas nosotras, que queremos preguntarnos a conciencia: ¿Cuánto podemos modificar? ¿Cuánto estamos haciendo para vivir la vida que queremos, para apropiarnos de nuestros días?

 

 

 

 

Otras formas de estar en el mundo
 
 
 
“Es meritorio que alguien sea capaz de trascender los límites que impone la sociedad y se anime a ser fiel a sí mismo. Pero no por ser diferente se es auténtico. Ser auténtico lleva, de algún modo, a ser diferente, pero el peso tiene que estar puesto en la autenticidad y no en el ser diferente”, explicó a Sophia el filósofo Bernardo Nante.
 

 

Para él, el mercado es uno de los principales culpables de la estandarización de todo. “Hoy en día, hasta los diferentes están estandarizados. Hay una tendencia a eliminar las diferencias, a homogeneizar todo y esto sucede porque existe un cierto temor social. El que es diferente está de alguna manera poniendo en evidencia la forma colectiva de quien vive pegado a los prejuicios. Ser igual al de al lado es un mecanismo de defensa social. Ser diferente es más incómodo; requiere, al igual que un producto artesanal, de más tiempo de maduración. Otra de las razones por las cuales rechazamos a los que no son iguales a nosotros es porque nos cuesta hacernos cargo de nuestras decisiones. Sin embargo, hay que saber que existe otro tipo de comportamientos y formas de estar en el mundo”, explica.

 

 

“La gran cuestión es si somos capaces de asumir una identidad propia -agrega-. Si esta identidad es acaparada por el personaje social, vamos a quedar a expensas de los prejuicios de los otros. Si tenemos acceso a una identidad más profunda que la del puro personaje, mayores serán las posibilidades de ser nosotros mismos”. Para Nante, la mejor forma para combatir esta homogenización de todo, es la educación. Empezando por la auto educación. “Para cambiar, tenemos que empezar por cambiar nosotros mismos. Es importante que observemos lo que hacemos, que tratemos de oír nuestra propia voz”, dice. 

 

 

“En segundo lugar, está la educación temprana, la de las generaciones más jóvenes. Tenemos que enseñarles la importancia y el valor de lo auténtico. No podemos pretender que los chicos lo hagan solos, tenemos que darles el ejemplo. Si no hay un trabajo de los adultos, nada va a cambiar.”

 

 

¡Conocé a los protagonistas!

 

 

 

Son artistas plásticos, escultores, fotógrafos y diseñadores. Desde diciembre pasado viven en una ex fábrica reformada para albergar estudios, talleres, galerías de arte y otros espacios comunes donde comparten comidas, creaciones y otros eventos.

 

 
Llevan ocho años de noviazgo y decidieron recorrer Latinoamérica mostrando cine argentino. Planean llegar a 14 países y a un público estimado de 30.000 personas.

 

 

Remo e Irmina crearon una granja agroecológica modelo en el norte de Santa Fe, donde además de cuidar el medio ambiente, fortalecieron su unión familiar.
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