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Tiempo para la Familia

Las ocupaciones laborales, la aceleración y las exigencias sociales, entre otras cosas, pueden amenazar y competir contra el tiempo dedicado a la familia. Calidad y cantidad son importantes a la hora de la reunión y el intercambio familiar. Pautas para respetar la individualidad de los integrantes y para generar encuentros entre padres e hijos.

"En general, la mayoría de las personas responde que, para ellas, lo más importante es la familia", cuenta la psicopedagoga Clara Delfino. "Sin embargo, entre el decir y el hacer muchas veces hay una brecha profunda porque, en definitiva, la importancia de la familia también se refleja en el tiempo que se le dedica. Y en algunos casos, a pesar de las declaraciones y frases hechas, las horas destinadas a los hijos son escasas" , opina.

 

Es por eso que muchos padres se enfrentan con el dilema cantidad versus calidad, y suelen tener varios interrogantes: ¿Cómo dedicar tiempo a la familia?, ¿cómo dar espacio a cada uno de los hijos?, ¿cómo respetar sus individualidades?

 

"En primer lugar -dice Suku Díaz, orientadora familiar y madre de 2 hijos- creo que es fundamental detenerse a reflexionar”. "Es importante que los padres paremos la bola y dediquemos un tiempo para pensar en nuestra familia -una vez por semana, cada 15 días, una vez por mes, lo que sea- y reflexionemos sobre cosas como: ¿Qué tipo de familia queremos?, ¿cómo pensamos lograrlo?, ¿cómo van las cosas?, ¿en qué aspectos concretos tenemos que mejorar? Es imposible organizarnos bien si no paramos, vemos dónde estamos (nosotros, nuestra familia y cada uno de los chicos en las diferentes áreas), y hacia dónde vamos", subraya.

 

Seguramente, de estas reflexiones surjan, de manera explícita, metas y objetivos comunes para la familia como un todo. Pero, a la hora de educar, no se puede tratar a los hijos como un pelotón o una “manada”.

 

"Todas las personas son únicas e irrepetibles debido a la herencia genética, las circunstancias de la gestación, los estímulos recibidos, el lugar que se ocupa en la familia -primero, segundo o último hijo-, los amigos del colegio, los profesores, el carácter, el temperamento. Cada uno de estos elementos ayuda a configurar una forma de ser diferente. Todos ellos están relacionados entre sí y se modifican. El desarrollo evolutivo es distinto y todo unido configura personas con diferentes aptitudes, gustos, aficiones. Es por eso que cada hijo debe ser tratado y educado según las necesidades de su propio ser", explica Fernando Corominas en su libro "Cómo Educar la Voluntad".

 

Pero, para saber qué le hace falta a cada uno es necesario conocerlos bien. "Aristóteles afirmaba que es tan injusto tratar a iguales desigualmente, como a desiguales, igualmente", comenta Suku Díaz. "Cada niño necesita algo distinto", continúa. "Si les dedico el mismo tiempo a todos, quizás crea que soy justa. Pero tal vez, esté siendo muy injusta. A Fulano ese tiempo le puede servir. Y a lo mejor, Mengano, que es más sensible e inseguro, requiera una dedicación diferente. Un ejemplo claro es el de una madre que siente cargo de conciencia, porque pasa mucho tiempo con su hijo "menos estrella". Es verdad que hay que pensar en los demás, pero sería muy injusto dedicarle a ese niño el mismo tiempo que a su hermano estrella", sintetiza.

 

Para Marcela Moreno, profesora de Psicología y Pedagogía y madre de 4 hijos, el amor de los padres es lo único que  iguala a los hijos. "Cada uno tiene su individualidad", afirma y aporta herramientas que aplica en su casa. "Trato de encontrarle la vuelta a cada uno y buscar momentos exclusivos individuales. No los comparo ni les compro a todos lo mismo. Por ejemplo, mis dos hijas mayores se llevan un año de diferencia y, si a una le compro una camiseta, le aclaro que es suya -no de las dos-, aunque después se la preste a su hermana. Cuando vamos de viaje y traigo regalos, elijo lo que le gusta a cada uno. Hace unos años, compartimos un viaje con unos amigos y el padre de la otra pareja compró 3 cometas, una para cada uno de sus hijos para que no protestaran. Nosotros elegimos de acuerdo a los gustos particulares", comenta.

 

Por otra parte, la educación personalizada no significa que en la casa no haya reglas uniformes, horarios que secumplen y una cierta organización que evite el caos para que el hogar no se transforme en un hotel donde todos están de paso. Significa que esas reglas no van en detrimento de la individualidad, y que a cada uno se le dará lo que necesita, tanto en la dimensión material como en lo afectivo. Es así, por ejemplo, que algunos hijos requieren que los padres los guíen en el estudio y otros son más autónomos. "Recomiendo que cada uno intente descubrir las necesidades de su propia familia. Y, si uno está pendiente de lo que se dicta desde afuera, quizás es porque no sea capaz de dictarlo por sí mismo", enfatiza Moreno.

 

De todas formas, existen algunas pautas que ayudan a respetar la individualidad de los hijos, como así también  consejos para lograr encuentros uno a uno:

 

Pautas para respetar la individualidad:


Conocerlos bien.
Dedicarles un tiempo exclusivo a cada uno.
Jamás compararlos con sus hermanos, amigos o vecinos.
No decir cosas conflictivas frente a hermanos, amigos, primos, conocidos. Sí elogiar frente a todos.

 

"A veces, losmayores tratamos a nuestros hijos como si fueran "inferiores" o de nuestra propiedad y, sin darnos cuenta, les decimos cosas y les hablamos en un tono que jamás usaríamos con un adulto. Les faltamos el respeto. Son personas -pequeñas en tamaño-, pero personas al fin", completa Díaz.
Hacerles saber lo que hacen bien. El elogio es el mejor estímulo y genera ganas de repetir la acción elogiada. Aceptarlos como personas. "Es verdad que, a veces, cuesta aceptar a un hijo más que a otro, ya sea por que somos iguales a él (y vemos como en un espejo aquellas cosas nuestras que no nos gustan) o porque somos muy distintos. Es lógico que con alguno tengamos más afinidad que con otro. Eso no está ni bien ni mal. Así es la vida. Pero, de ahí a que marquemos más la diferencia... Creo que una buena idea es trazar puentes de unión con el que más chocamos: ver qué cosas podemos tener en común y maximizar esos puntos. Esto es el comienzo de aceptarlo un poco más como persona muy distinta de mí", aconseja Suku Díaz.
 

Pautas para generar encuentros uno a uno:
 
La primera pauta consiste en planificar el tiempo que tenemos disponible -no es lo mismo la madre que está todo el día en su casa que la que también trabaja y/o estudia-. En este punto, Clara Delfino resalta la importancia de organizar los encuentros uno a uno. "Hay que abrir la agenda a los hijos y anotar "mañana tomo un helado con fulanito. El jueves, almuerzo con menganito". Al apuntarlo, ya no me lo olvido y no lo pospongo por algo que surja y parezca más importante".
 
De acuerdo a la cantidad de hijos y el tiempo disponible, se puede, de uno en uno:

Llevarlo al supermercado, zapatero, frutería u otro recado.
Que acompañe a su madre a hacer algún recado.
Salir a tomar un refresco, un helado, almorzar, ir al cine, comprarle algo de ropa, llevarlo de paseo
Dedicar a cada uno un tiempo por la noche antes de ir a dormir. "En caso de ser varios, se puede rezar con todos  –en el caso de que la familia practique alguna religión- o turnarse para estar un rato con cada uno por noche: rascarle la espalda, leerle un libro, hacerle masajes en los pies, acariciarle el pelo, hacerle cosquillas. Ir cultivando la intimidad con cada hijo. Esto luego tiene frutos muy positivos durante la adolescencia", enfatiza Díaz. Que uno sea el que ayuda a su padre hoy a hacer algún arreglo en la casa. 
 

"Además, estoy convencida que los viajes en coche son alucinantes: solos, los dos mirando para adelante. Ahí salen temas, confesiones, preguntas insospechadas. Esto también es bueno para los matrimonios, sobre todo, cuando cuesta hablar", opina la orientadora familiar Díaz. Porque, no sólo los hijos necesitan un tiempo especial dedicado a ellos, sino que también la vida matrimonial requiere de espacios propios y de intimidad que predisponen a una buena comunicación y a un diálogo fructífero. Carola Mercandino, por ejemplo, comenta que al menos cada 15 días o una vez por mes sale a comer con su marido durante la semana. Así, cortan la jornada laboral y crean un espacio para ellos solos, espacio que no siempre tienen al volver a casa donde la propia vida de los hijos posterga estos encuentros.

 

Dar tiempo a cada uno de los hijos es fundamental, pero quizás algunos padres sientan que esa conducta alimenta los celos entre hermanos. "El tratar de eliminar los celos por completo es como tratar de evitar que el niño pesque un resfriado común. Todos hemos sentido sus tormentos", explica Dorothy Corkille Briggs, en "El Niño Feliz".

 

"La meta ha de constituir, no un eliminar por completo su presencia, sino en reducir el número de situaciones que los causan, y en trabajar con el sentimiento cuando estos se presenten". Y, a continuación, asegura que el mejor antídoto frente a los celos es elevar la autoestima del hijo, desarrollar sus intereses y talentos especiales y tratar a cada uno como individuo aparte.

 

La personalización atenúa los celos, el encuentro uno a uno con cada hijo hace más sólida la comunicación y la confianza. A pesar de que son muchas las cosas que hoy compiten contra el tiempo de la familia (algunas, como el trabajo, son impostergables; en otros casos, la clave pasa por saber poner las prioridades), el tiempo dedicado a la familia como un todo y a cada uno en particular es una inversión de por vida. Una inversión cuyas raíces, comolas del Bambú, pueden aparecer como inadvertidas pero, en el momento menos esperado, salen a la superficie y forman, entre padres, hijos y hermanos, un vínculo inquebrantable.

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