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Vacaciones sin estrés

Tomarse unos días de descanso a fin de año es fundamental para recuperar las energías y continuar con el año laboral sin tropiezos. Pero no siempre resulta fácil poder relajarse y desprenderse del ritmo vertiginoso que impone la ciudad. La laptop y el celular son los peores enemigos. Cómo lograr un espacio para el disfrute.
Fin de año. Meses de estrés, trabajo a destajo, una realidad de país que abrumó al más distraído. Inflación, aumento de tarifas, de colegios privados y prepagas. Las vacaciones se imponen; un tiempo para reponer energías, cambiar de aire y, tal vez, un espacio para replantearse alguna situación familiar que quedó postergada por falta de tiempo. Aunque muchos sientan que por razones domésticas, laborales o de dinero les es imposible parar, detener el tren de la vertiginosidad, es primordial poder hacerlo, tanto para el equilibrio físico e intelectual como para el emocional. "Desenchufarse" de los problemas y el ritmo cotidiano para continuar el año sin fisuras. Sin embargo, hay quienes deciden sobreexigirse hasta no dar, literalmente, más.
 

 

"Las vacaciones son importantes para que la persona descanse, se desenchufe, descontamine, pero también es un tiempo que otorga un cierto sentido al hecho de trabajar", explica el licenciado Enrique Novelli, psicoanalista miembro de APA (Asociación Psicoanalítica Argentina). "Es esencial destacar que se puede vivir ayunando varias semanas y algunos días sin tomar agua, pero sin dormir, sin descansar, una persona no soporta más de tres días. Puede alucinar, entrar en un estado patológico. Si no hay descanso mental, aparece la enfermedad". Según Novelli, pueden sobrevenir consecuencias tanto físicas como psíquicas: "La persona que no descansa, lo primero que tiene es cansancio, pero también pueden aparecer patologías de origen psicógeno, como la neurosis de angustia o alguna afección psicosomática, como úlcera, asma, dolor de cabeza o problemas en la piel".

 

 

Ante este panorama, uno tiene que aprender a prestar atención a su cuerpo. "Nunca deben dejarse de atender las señales que emite el organismo. Si alguien siente que no da más, tiene que hacer un paréntesis, aunque tampoco es necesario armar las valijas e irse de viaje", alerta Any Krieger, médica psicoanalista, miembro de APA y coordinadora del capítulo de Psicoanálisis y Patologías Actuales. "Lo esencial es reposar, detenerse a pensar qué es lo que pasa, zambullirse en el ocio creativo, porque los riesgos de no parar implican agotamiento intelectual por estrés, el tan temido burn out, colapso de agotamiento, trastornos del sueño, ansiedad, falta de concentración y de apetito, astenia y fatiga". Y precisa que, además, el sistema cognitivo puede dañarse y verse afectado en la atención, el pensamiento, la memoria y la creatividad. Todas razones por demás importantes para escuchar al cuerpo y hacer cambios, al menos temporarios.        

 

 

Para muchos no es fácil relajarse, ya que suponen que el ocio es sinónimo de holgazanería. Cuando uno comienza a planear días de vacaciones, tanto en verano como en invierno, la pregunta surge espontánea: ¿qué hago con el tiempo libre?; ¿tenemos que estar todo el día juntos? El gran temor es aburrirse, solo o acompañado. "Las vacaciones son un buen momento para el encuentro con la familia y de la pareja, mucho más con uno mismo. Pero siempre aparece el miedo de que asomen las diferencias, los desencuentros y los conflictos que se barrieron debajo de la alfombra", señala Laura Orsi, médica psicoanalista, coautora del libro Psicoanálisis y sociedad, teorías y prácticas, miembro titular de APA. "Por eso a veces lo más deseado se convierte en lo más temido, pero hay que atreverse porque el ocio es saludable".   

 

 

Al "recreo" se lo puede situar desde dos perspectivas. "En la antigua Grecia se apelaba a la vida contemplativa como una segunda vertiente del trabajo físico. Pero desde la mirada romana, al ocio se lo relacionaba con 'el no hacer', estrechamente ligado a la vagancia", apunta la doctora Krieger. "Y nuestra cultura heredó esta última representación. Ni uno ni lo otro. La idea es poder ubicar las vacaciones en el marco de un espacio donde rompemos con lo cotidiano de la vida para poder lograr un ocio creativo, más parecido a la metodología griega".   

 

 

Con todo, disfrutar de las vacaciones, de un recreo en el año, es diferente para cada persona. No todos tenemos las mismas preferencias. "Lo importante es poder elegir lo que se necesita en cada momento; para algunos será el movimiento, para otros el descanso", ejemplifica la doctora Orsi. Aunque habrá que tener en cuenta que la actividad en vacaciones no implica caer en el descontrol. "Es la otra cara del ocio, que se reproduce en mayor grado que el que se manifiesta durante el trabajo. Salen a la ruta como locos, se producen episodios de violencia; hay exceso de sol, de alcohol, de tabaco, de baile... Si esto pasa, y es necesario controlarlo, implica que alguna cuestión está desarrollada en forma desmedida", explica Krieger. "Por ello, una persona que tiene más excesos que cuando trabaja, debería hacerse esta pregunta: ¿qué es lo que me está pasando? Si uno sale de vacaciones para cortar con la sobrecarga de responsabilidades y el recreo lo encuentra presa de mayores desarreglos, es que algo está pasando, hay una dificultad para relajarse".  

 

 

El ritmo vertiginoso que impone la realidad impide, en muchos casos, poder encontrar un espacio para disfrutar de unos días de vacaciones, ya sea a través de un viaje o, simplemente, un descanso en la ciudad. "En la actualidad, para algunos es difícil desenchufarse de las nuevas tecnologías. Se van de vacaciones con el celular, la laptop, una carpeta con trabajo pendiente... Es muy importante para el cuerpo y la mente poder deshacerse de esas herramientas que 'obligan' a estar conectados con las responsabilidades laborales", dice Orsi.

 

 

La visión de Krieger extiende las posibilidades para lograr un buen descanso también en las grandes ciudades: "No es necesario ir de vacaciones a un lugar para descansar, también se puede disfrutar de un buen libro, tal vez dejado a medio leer por falta de tiempo; ir al cine, al teatro y pensar, tener una vida más contemplativa, algo que Aristóteles mencionaba, y de la que hoy estamos tan lejos".

 

 

Conflictos a cuestas. Un saber popular reza que uno se lleva los problemas adonde quiera que vaya. Muchos tal vez se ilusionan con la idea de que las vacaciones son la panacea que los liberará de todos los males. Un error bastante habitual. "Los días de descanso no sirven si se plantean como la solución a un conflicto puntual. Hay mucha gente que la pasa mal tomándose vacaciones", advierte el licenciado Novelli. "Continúan con la angustia que se pone en juego cuando la persona está trabajando, por ejemplo. Esto significa que lo que hay que pensar es que ni las vacaciones, ni el trabajo en este caso, son los artífices del estado de angustia". Es bastante frecuente que ante la angustia, la persona piense que está cansada físicamente, y si descansa y duerme, se recupera. Sin embargo, para Novelli, "si alguien está angustiado, por más horas de descanso que tenga, se levantará más cansado que antes. Por ejemplo, en el caso de un matrimonio que soporta una situación conflictiva desde hace tiempo porque ambos trabajan muchas horas, y en vacaciones están juntos durante las veinticuatro horas por siete o catorce días y sin cuestiones en el medio que justifiquen el conflicto, el resultado será que se puede complicar más su situación". Lo que se acarrea no se soluciona por obra y gracia de unos días de descanso.

 
Los psicoanalistas coinciden en que sus consultorios se "desbordan" en dos momentos del año. Según Novelli, "tenemos picos estacionales de consulta: cuando se acercan las fiestas de fin de año y después de las vacaciones. En el primer caso, la gente consulta más por situaciones conflictivas ante la inminencia de las fiestas y la mesa familiar; en el segundo, porque algunos suponen que al desconectarse y renovarse, se terminan ciertos problemas".   
 

 

El después. Las vacaciones, lamentablemente, tienen fecha de vencimiento. Comienzan y terminan. Y al fin del período, la vida continúa, con lo bueno y lo malo. Cada uno vuelve a su rutina laboral y familiar, los chicos a la escuela, los adultos a los quehaceres domésticos y las corridas para poder hacer todo lo planificado.

 

 

Pero muchos, cuando vuelven del descanso, sufren el llamado "estrés posvacacional": llegan como si no hubiesen existido días de relax y encuentro con uno mismo. "Lo ideal para superar ese estrés es recomenzar lenta y progresivamente; tomarse el tiempo necesario para organizarse de nuevo, integrando los intereses y proyectos, sin llenar la agenda con rapidez para evitar caer en el distrés, un problema ante el cual se hace necesaria la consulta con un profesional", refiere la doctora Orsi.

 

 

Fin de año, vacaciones de verano. Una excelente oportunidad para disfrutar solo o en familia esos días que tanto deseamos tener durante el año, en medio de la rutina laboral y doméstica. Son días ganados con el esfuerzo del trabajo y bien merecidos. Entonces habrá que sacarle el mejor provecho posible.

 

 

Consejos para un buen descanso

 

 

• El descanso es fundamental para todo ser humano. "Hay un estudio realizado sobre las vacaciones que dice que hay que parar unas tres semanas en verano, porque en la primera el estrés sigue estando, en la segunda, la persona se deprime, y es en la tercera semana cuando se alcanza el verdadero descanso, el pleno disfrute –advierte el doctor Alberto Allievi, médico clínico–. Pero también es necesario tomarse unos días un par de veces al año para cortar con la rutina y cambiar de ambiente".

 

 

• Según Allievi, además de las horas de sueño, que tienen que ser respetadas, son importantes los momentos de recreación y actividad física, en lo posible al aire libre, ya que éstas son áreas que logran una gran secreción de endorfinas, las hormonas del placer, que es lo que se pierde en la vida moderna: se come mal, se trabaja hasta doce horas por día, se duerme mal, se viaja mal...

 

 

• Acerca de la alimentación, el especialista aconseja pescados de mar, poca carne roja, frutas, verduras, lácteos, e ingesta de abundante líquido. Y, sobre todo, evitar las grasas animales que provocan el ascenso del colesterol "malo", el factor de riesgo más importante para el desarrollo de ateroesclerosis junto con el estrés y el cigarrillo.

 

 

Para lograr vacaciones placenteras

 

 

• Cambiar hábitos y rutinas con las que no estamos muy contentos.
• Dejar el celular en casa.
• Si no llevó la notebook, no tentarse con las computadoras de los cybercafés.          
• Tomarse tiempo para pensar y recapacitar sobre las acciones de los meses pasados.
• Compartir parte del tiempo con la familia y también permitirse un momento para sí mismo.
• No sobreexigirse con actividades que exceden sus posibilidades.  
• Olvidarse de los horarios. Lo ideal es hacer las cosas cuando uno tiene ganas.
• No atarse a las "obligaciones" que imponen los demás.
• Aprovechar para caminar, leer, escuchar música, ir al cine o al teatro.
 

 

Fuente: Revista Conexión - Andrómaco

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