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Adolescentes y Mamás

Los cambios en los estilos de vida, favorecidos en gran parte por la globalización, son parte de la precocidad con la que muchos jóvenes viven hoy. A veces, también se adelantan etapas que corresponden a otro estadio de la madurez, como puede suceder con el tema de la maternidad. ¿Cómo ayudar a una adolescente a sobrellevar esta experiencia de crecer de golpe que implica un embarazo?

 

Ser adolescente y ser mamá parecen cosas, si bien no contrarias, al menos contradictorias. Cualquier mamá en ejercicio sabe del temple que se necesita para llevar adelante una crianza serena. No parece ser el tiempo adolescente el más acorde a esa serenidad y sentimiento de responsabilidad que un bebé necesita de su madre. Ser mamá es un trabajo full time, y es poco probable que quien no vivió de manera completa su etapa de independencia, se decida a abandonarla con abnegación a causa de una fiebre o una noche mal dormida. Sin embargo, por diferentes causas, las cifras de maternidad adolescente crecen en el mundo: la Organización de las Naciones Unidas registra una cifra mundial de quince millones de jóvenes entre 15 y 19 años que son mamás. En la Argentina, sobre un total de 700 mil partos que se producen al año, una séptima parte (100 mil) corresponden a menores de 19 años.

 

Es un crecimiento notable, que la Fundación Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM) vincula también a la crisis económica de nuestro país, la cual ocasiona una nueva generación de "jóvenes viejos", aquellos que deben crecer de golpe saliendo a trabajar o quedando solos frente a la parálisis emocional de sus padres. Según el Departamento de Estadísticas e Información de Salud de Chile, un 14,9% de los nacimientos corresponden a menores de 19 años.

 

"Junto a la pérdida de los proyectos de vida de los jóvenes y de sus ilusiones, se produjo un mayor aumento en la maternidad y paternidad adolescente, con los riesgos que ella depara: abandono de la escolaridad, inserción laboral prematura y en malas condiciones, pérdida de vivencias de la adolescencia como amigos/as, fiestas, salidas". El párrafo corresponde al libro “La adolescencia en Argentina: sexualidad y pobreza”, un trabajo de investigación a cargo de Mabel Bianco, Cecilia Correa y Luciana Peker y editado por la citada FEIM.

 


Pero  además de la crisis, son innegables los cambios en los estilos de vida adolescente respecto de las últimas generaciones: las formas de divertirse, por ejemplo, responden a una demanda excesiva de libertad, frente a la cual pocos padres saben oponer límites. Su autoridad –que significa respeto y reconocimiento- se ve mermada por la gran influencia de otros medios, a los que hoy se tiene mayor acceso. Esa libertad para conocer, viajar, elegir todo (los amigos, la ropa, las vacaciones...) no siempre está acompañada de la misma madurez y criterio para reconocer las diferencias entre lo que se obtiene actuando de una manera u otra, y hacerse cargo de las responsabilidades de la elección. Los chicos quedan, con demasiada frecuencia, expuestos a sobreinformación sin su contrapartida, el límite; algo que les indique que no todo lo que se puede hacer es bueno ni es lo mejor. Entre las adolescentes, esto se hace muchas veces claro ante un embarazo y para las propias mamás de las embarazadas, resulta una sorpresa ver el grado de ingenuidad con el que sus hijas muchas veces tomaron el tema antes de encarar una vida sexual activa.

 

Solana, de 18 años, confiesa que éste era su caso: "Yo sabía todo acerca de la fecundación, pero de algún modo me olvidaba de tomar precauciones, como si tuviera la sensación de que a mí no podía ocurrirme nada que yo no planeara, como si el mundo fuera mío y nada pudiera pasarme." Así, nos encontramos con adolescentes a las que les falta mucho por madurar afectivamente, pero que necesitan hacerlo con urgencia: Hay alguien en su interior que precisa que estén preparadas para dar amor, para entregarse sin límites; en definitiva, para ser mamás. "Yo siempre supe que quería ser mamá, aunque obviamente en otro momento de mi vida. Tenía mucha experiencia con bebés gracias a mis sobrinos, cuando me quedé embarazada, y eso me ayudó porque de inmediato pude tomar conciencia de lo que significa un bebé en la panza, lo que necesita, saber que él no tiene la culpa de mis errores. Sabía, por ejemplo, que el rechazo de la mamá le afecta porque es capaz de percibirlo muy bien desde los pocos meses de nacido. Yo no quería que eso le pasara a mi hijito" , cuenta Sofía.

 

Pero las cosas para ellas –jóvenes, lindas, estudiantes, llenas de proyectos futuros- no son fáciles; tendrán que saber que renunciarán, como toda mamá, a gran parte de los gustos personales para darle prioridad a otra personita. Y es allí donde el rol de las mamás-abuelas se hace imprescindible. De nada vale buscar causas, culpas o responsables: es momento de apoyar (y, en todo caso, tratar de comprender poco a poco, acompañando el miedo de la joven mamá). No es bueno tampoco quitarle a la adolescente su oportunidad de crecer; por eso, hay que dejar que ella (y él, si su compañero está dispuesto) se haga cargo de sus responsabilidades. Lo más fecundo es compartir la experiencia recordando la propia maternidad, como un modo de transmitirle a la joven hija o hijo una enseñanza que no tuvo tiempo de adquirir. En este sentido, sirve recordar que hay muchos adultos de que no dan muestra de madurez suficiente cuando se trata de responsabilidades serias como lo son la paternidad y maternidad, de manera que se puede adoptar una actitud optimista frente a los hechos y permitir que los chicos vayan creciendo en su rol de mamás y papás precoces. Si hay amor hacia el bebé, el tiempo podrá reacomodar todo lo demás: los placeres personales, las relaciones familiares y el joven sentimiento de filiación. Lo que las adolescentes mamás pueden saber con convicción es que, en lo que se refiere a la maternidad, lo que se da no se pierde. En la maternidad hay que prepararse para dar, es cierto, pero también para recibir. Y todas las mamás saben que lo que se recibe de un hijo siempre compensa cualquier esfuerzo.

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