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El Padre en el Parto

En nuestra sociedad actual, cada vez es más arcaica la percepción de que el embarazo, el parto y la maternidad son únicamente cuestiones femeninas.

 

En realidad, se está volviendo cotidiano el hecho de que los padres también interactúen durante todo el desarrollo del embarazo y posteriormente ayuden en la crianza de los niños. Asimismo, ya es frecuente la presencia del padre durante el parto, brindando apoyo y contención a la mujer embarazada que está a punto de alumbrar. Pese a ello, hay que tener varias cosas en cuenta para que sea una experiencia grata para ambos y no sea una experiencia traumática para ninguno.

 

Para ello, es fundamental que el padre, dentro de lo posible según sus requerimientos laborales y sociales, participe junto con su mujer en los cursos de preparto para saber cómo puede ayudar durante el parto, evitando a través de la instrucción adecuada los nervios innecesarios y la impaciencia que suele caracterizar a los hombres que esperan ansiosamente el nacimiento. Es anecdótica la imagen del padre que camina por los pasillos desesperadamente y no sabe cómo participar en el proceso.

 

En principio, para presenciar el parto, se debe pedir autorización en el centro de salud y al médico obstetra que sigue el desarrollo del embarazo. En lo posible, hay que evitar que el padre llegue en el momento del parto y quiera presenciarlo sin haber tratado el tema previamente, ya que se pueden generar discusiones y se puede chocar con las burocracias hospitalarias. Asimismo, sería conveniente que por lo menos el hombre asista a algunos de los controles para conocer al médico y no ser un desconocido dentro de la sala de partos. Es de importancia recalcar que la OMS sugiere que los hospitales autoricen la presencia de una acompañante de la familia para que se trate de una parto humanizado que se caracterice por la comodidad y privacidad del alumbramiento. En este sentido, es primordial que la pareja esté de acuerdo en los aspectos básicos del parto, tales como el tipo de parto elegido, el equipo médico y el centro de salud que atenderá el parto. Evidentemente, en situaciones de emergencia los planes tienen que ser retocados y no hay que ser inflexible en situaciones apremiantes.

 

Si se optó por un parto natural, es de importancia armarse de paciencia, ya que el parto en la primerizas tarda entre 8 y 12 hs mientras que en las no primerizas suele tardar menos, pero de todos modos hay que contar con disponibilidad horaria suficiente. De todos modos, es fundamental que el padre no se convierta en un espectador que está esperando el desenlace de la trama con impaciencia y excesiva ansiedad. Es lógico que ambos sientan ansiedad por conocer al futuro integrante de la familia, pero este hecho no debe derivar en nerviosismo. Es de fundamental importancia evitar el stress durante el proceso de dilatación, ya que inhibe la secreción de la hormona oxitocina, que dirige el parto, y además contrae la musculatura evitando la dilatación apropiada. Asimismo, el padre, además de mirar el trabajo de los médicos, tiene que brindar apoyo a la mujer, ayudándola en el control de las contracciones, en la respiración y en los pujos. En este proceso, puede acariciarla, hablarle y tratar de relajarla para que se desarrolle mejor el parto. El padre debe tener en cuenta que la parturienta puede cambiar rápidamente de humor debido a los dolores de las contracciones y en este sentido es importante no discutir dentro de la sala de parto para no molestar a los médicos en su labor ni generar un ambiente hostil para el bebé que está por nacer. En estos casos, el hombre tendría que ser lo más flexible posible para tranquilizar y estimular a la mujer. Además de ayudar a la madre en el parto, el padre también tiene que ser intermediario entre los médicos y la mujer en el caso de tener que tomar alguna decisión de urgencia, caso que no debe ser olvidado pese a que no tiene que convertirse en un fantasma que atemorice a la pareja.

 

Por otro lado, en el caso de haber optado por una cesárea, es imprescindible que previamente a la operación el padre se someta a algunas pruebas para evitar desmayos ante la vista de los instrumentos quirúrgicos y la sangre que brota de la incisión. Asimismo, es importante que el padre se mentalice para presenciar la cirugía y evitar posibles traumas. En caso de hombres impresionables, es conveniente que no mire directamente la operación sino que mire la cara de la mujer, la tome de la mano y le hable hasta que los médicos hayan extraído al bebé y lo hayan higienizado.

 

En este punto es de fundamental importancia recalcar que no hay ninguna obligación en que el padre presencie el parto, sino que solamente en aconsejable que la parturienta tenga un acompañante durante este proceso, para sentirse más segura, más cómoda y acompañada durante este momento único en la vida de toda mujer. Si no puede asistir el padre por algún motivo, ya se porque está de viaje, porque es demasiado impresionable o porque simplemente la mujer se siente más cómoda con otra mujer a su lado, se puede recurrir a otros miembros de la familia, a las parteras o las doulas. Pese a ello, cualquier padre, con la preparación adecuada, puede presenciar el parto y participar junto con la mujer de este maravilloso acontecimiento. De hecho, puede ser él quien tome al bebé en brazos y lo muestre a la madre, generando una situación realmente conmovedora, cómo es el amor plasmado en la criatura que acaba de nacer rodeada de sus progenitores.

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