viernes, 03 de julio de 2015
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La Estimulación del Lenguaje

Uno de los momentos que más emociona a los padres es cuando su hijo comienza a hablar. Las primeras palabras son registradas, festejadas con mucha alegría y se convierten en motivo de anécdotas familiares, además de ser recordadas siempre por todas las mamás.

Alrededor del año casi todos los bebés ya han emitido sus primeras palabras, aunque algunas no son reconocidas por los demás como tales, casi siempre los padres sí las entienden. Desde que nace, el bebé reconoce la voz humana y el lenguaje -no necesariamente la lengua materna, sino cualquier lengua humana- y sabe diferenciarlo de otros ruidos. También las mamás, desde el nacimiento, ya han encontrado una forma de hablar con el bebé, con lo cual la estimulación para la expresión del lenguaje ya ha comenzado, aunque por supuesto esto no depende sólo de que la mamá le hable.

 

 

 

El niño comienza a aprender primero el lenguaje receptivo (comprende lo que le dicen) y luego a dominar el lenguaje expresivo (habla). De todas formas, cuando un niño comienza a hablar, el incremento en los dos tipos de lenguaje es progresivo y sustancial a partir de sus primeras palabras.

 

 

 

Las investigaciones realizadas en niños (a través de encuestas) acerca de la adquisición de las primeras palabras, demuestran que éstas comienzan a expresarse entre los 9 meses y el año de edad y se ha calculado que en promedio, un niño de 15 meses emite alrededor de 10 palabras, mientras que alrededor del mes 20 ya está en condiciones de expresar más de 50. Por lo general, hay un súbito incremento en la tasa de adquisición de nuevas palabras durante el segundo año de vida, ya que en cuanto se adquiere una cantidad de 20 a 40 palabras, la tasa de adquisición comienza a acelerarse y en dos o tres semanas el chico adquiere ocho o más palabras por semana.

 

 

 

Pero mientras se espera el momento en que se produzca la gran expansión del lenguaje expresivo -alrededor del año y medio- hay muchas formas de colaborar con este desarrollo:

  • Escucharlo es muy importante. Aun cuando no se entienda lo que dice, responderle le da confianza en su dominio del lenguaje y lo estimula a hablar más. Contestar: “¿en serio?” o “qué interesante” puede ser una buena estrategia, lo mismo que continuar la conversación haciendo preguntas sobre la base de lo que él dice.
  • Nombrar los objetos. El niño tiene que conocer los objetos que lo rodean, comprender cómo funcionan (relaciones de causa y efecto) para poder expresarse. Por eso, diariamente, se le deben nombrar los elementos que utilice y resulten más familiares al bebé y explicarle cómo funcionan, por ejemplo, cómo se prende o apaga la luz, o cómo se cierra la puerta.
  • Repetir las ideas utilizando expresiones más sencillas. La mamá puede hablar normalmente y luego repetir lo mismo, pero utilizando expresiones que el niño comprenda más claramente y haciendo hincapié en las palabras clave para su comprensión. Por ejemplo, decir: “Vamos a ir a pasear a la plaza” y luego: “Tomás y mamá, vamos a la plaza”.
  • Hablarle y explicarle cosas acerca de lo que lo rodea. Hablar con el niño en todo momento y explicarle lo que está haciendo: por qué se lo viste de esa manera, qué color de remera le gusta a la mamá, por qué van a ir al supermercado, quién maneja el auto, etcétera. Seguramente entenderá mucho más de lo que habla, pero la emisión de palabras sólo será cuestión de tiempo.
  • Tratar de que conteste. Repetirle preguntas sólo para tener el placer de escuchar sus respuestas es parte de la rutina de juegos de casi cualquier chico que ya comienza a hablar. Por ejemplo: “¿cómo se llama tu muñeca?” o “¿cómo hace la vaca?”, lo hará practicar las palabras que ya conoce. Que el bebé le responda a quien le hable con gestos o sonidos también vale, lo importante es mantener la interacción.
  • No hablarle en media lengua. Si se quiere que el niño se familiarice con el lenguaje adulto, éste es el que hay que utilizar con él. Desde el nacimiento, el niño ha estado expuesto al lenguaje adulto, así que él sabe perfectamente cómo se pronuncia cada palabra -una de las pruebas de esto es que comprende muchas cosas aunque no se le hable en media lengua- y también es consciente de que su propia pronunciación dista de la del lenguaje adulto.
  • Leerle libros cortos y contarle historias sencillas. Esto incrementará el vocabulario del bebé y su comprensión del contexto –o del mundo-, lo que lo animará a hablar. Si todavía no resiste la lectura de una historia, explicarle las láminas y los personajes que en ellas aparecen.
  • Ayudarlo a hablar bien, sin corregirlo. Casi ningún chico de esta edad pronuncia correctamente. Si se lo quiere ayudar a hablar bien, repetir en forma correcta lo que él diga en media lengua, pero no decirle “no se dice así, sino…”. Las correcciones excesivas pueden desalentarlo a hablar. Por ejemplo, la pronunciación de todas las consonantes no será correcta hasta dentro de unos pocos años, así que no hay que esmerarse en demasía en este punto.
  • Esperar que complete las canciones y rimas que ya conoce. Por ejemplo, hacer una pausa antes de la última palabra de una frase de una canción conocida por él y mirarlo como esperando la respuesta de su parte. Si ésta no llega, la puede completar el adulto, pero no pasará mucho tiempo antes de que el niño participe de este juego. Y pronto sorprenderá a todos diciendo más de una de las palabras de la canción.
  • Darle órdenes sencillas de realizar. Como por ejemplo: “alcanzame el osito” o “decile chau a la abuela”. Esto incrementa su comprensión del lenguaje.
  • Para incrementar la socialización del bebé, la mamá misma debe ser sociable. La mayoría de los chicos gusta de imitar a sus padres o conducirse como ellos mismos lo hacen. Así que si quiere que el bebé diga “gracias”o “por favor”, debe acompañar sus órdenes y respuestas de estas palabras.

El pediatra Javier Tain advierte que la estimulación que debe recibir un bebé normal -sea en el área de lenguaje u otra- no debe ser algo pautado ni reglamentado, algo que para el chico signifique un “trabajo”. “Respecto del desarrollo lingüístico, lo importante es ver la socialización del chico que, más allá de lo que hable o no, debe ser buena para esta edad”, explica. Los chicos que, a pesar de no decir muchas palabras, manifiestan conductas sociales como responder a pedidos de la mamá, entender a qué objetos se refiere cuando habla o comprender un reto, tienen conocimiento del lenguaje aunque todavía no lo expresen “en palabras”.

 

 

¿Cuándo el hecho de que los chicos no hablen debiera ser motivo de preocupación? “Los chicos sordos parecen chicos poco estimulados, introvertidos, porque viven en un mundo muy diferente al de los demás”, explica Tain. Otra forma de detectar problemas de audición -que traen como consecuencia problemas en la expresión del lenguaje- es ver cómo reaccionan a un ruido fuerte, como un portazo o cuando se prende con el volumen alto el televisor. En cambio, si se entiende con todo el mundo a pesar de no emitir palabra, no hay por qué preocuparse: la emisión de palabras sólo llevará un poco más de tiempo y probablemente su desarrollo del lenguaje sea luego más perfecto y rápido que el de un bebé que empezó antes a hablar: hay chicos que comienzan a hablar más tarde o que se saltean la etapa de la media lengua, pero que luego pronuncian más correctamente e incrementan en mayor medida el número de palabras que los chicos que tuvieron un desarrollo del lenguaje más progresivo y en etapas más tempranas. Pero si junto al escaso o nulo desarrollo del lenguaje, también se advierte poca socialización o retraso motriz, conviene consultar al pediatra, que sabrá dar  el mejor consejo.

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