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El Juego: un Motor para el Desarrollo Físico y Mental

Cubos de encastre, teléfonos y pelotas son algunos de los juguetes ideales para esta etapa del desarrollo. Estimular la motricidad, el habla y la concentración son los objetivos a tener en mente a la hora de elegir.

Jugar no sólo es sinónimo de diversión. También, y por sobre todo, significa aprender. Por medio de la función lúdica, los chicos aprenden a hablar y a relacionarse, al tiempo que comienzan a comprender la noción de recreación. La estimulación del juego, en la etapa que va de los dos a los tres años de edad, es uno de los procesos más importantes que todo padre debe tener en cuenta para favorecer el desarrollo de competencias tanto físicas como mentales en sus hijos.

 

 

El rol de los adultos en este proceso es clave. “Los padres tienen la posibilidad de potenciar la estimulación con juguetes que prolongan el movimiento o el balanceo, como la pelota o un cilindro. También con otros que tengan que ver con la exploración de agujeros. Estos dan espacio a que vayan apareciendo nuevas instancias dentro del lenguaje, explica la psicopedagoga Agustina Chanfreau .

 

 

 

La estimulación que promueven juegos y juguetes no se circunscribe sólo a lo recreacional. Según los especialistas, existe una estrecha vinculación entre el juego y la adquisición del habla. “En esta etapa se da la aparición de nuevas palabras para el lenguaje. Y el juego es una fuente esencial del proceso”, asegura la psicopedagoga, y agrega: “Jugando es como mejor se aprende. Sentarlos a repetir una palabra hasta que les salga bien es siempre mucho menos enriquecedor y fructífero que hacerlo por medio de un juego”.

 

 

 

Los especialistas sostienen que un chico sin estimulación puede tener déficits en otras etapas. Es por ello que, para lograr los objetivos, existen juegos y herramientas más apropiados que otros. Algunas opciones que recomienda Chanfreau son:

  • Juegos con diferentes texturas y colores.
  • Juegos de arrastrar (son muy efectivos porque combinan los desplazamientos con los conceptos del juego en sí).
  • Los flotantes de agua.
  • Los juegos de búsqueda (de objetos y personas).
  • Los juegos corporales equilibratorios.
  • La recuperación de objetos pasando obstáculos.
  • Los clasificadores de formas que encajan en orificios.

 

 

Todas estas alternativas desafían la inteligencia y motricidad de los chicos y ayudan a desarrollar la concentración. “Con mi hijo jugamos a la granja. Tiene una vaca y un pato de goma. Cuando los agarra, deja todo lo que estaba haciendo y se pone a imitarlos y a caminar de un lado a otro de la casa”, relata Estefanía, mamá de Marcos (1).

 

 

 

Un recurso que no puede quedar afuera del abanico de opciones son los libros coloridos y texturados. “Los libros con animales, por ejemplo, no sólo permiten la recreación del nombre del animal sino también la emulación de los sonidos que aquellos emiten”, sugiere Chanfreau. Los textos permiten además introducir la noción de las secuencias. “Uno les puede preguntar qué pasaba antes en el cuento, qué es lo que va a suceder. Permite ir dándoles la pauta de la temporalidad del relato, que es muy útil para las etapas que vienen después”, afirma la especialista.

 

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