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El Upa: ¿Cría o Malcría?

En los brazos de sus padres, el bebé encuentra seguridad, confianza, contacto y contención. Allí obtiene recursos indispensables para desarrollarse sanamente. Sin embargo, existe la idea de que el upa malcría a los chicos. ¿Cuál es el límite entre el sostén y la malcrianza?

 

Ese bebé que creció contenido y protegido por las paredes del útero se enfrenta al nacer con un mundo inmenso. Su primera reacción es el llanto, pero al cabo de unos minutos se calma. Es que encuentra un nuevo refugio, que es prolongación de aquel en el que se gestó: los brazos de su mamá. 

 

 

 

"En los brazos de su madre, el bebé encuentra seguridad, confianza, contacto, contención. Todo esto es el sostén. Es algo fundamental para su desarrollo. Diría que forma parte del alimento que tiene que recibir para crecer sanamente", afirma la licenciada Claudia Novillo, especialista en Crianza y Adopción e integrante de Gestando.

 

 

 

Desde este punto de vista, el upa es mucho más que una maniobra para que el bebé se duerma rápido o deje de llorar: es una necesidad básica y fundamental, tanto del pequeño como de sus papás.

 

 

 

Frecuentemente se relaciona al upa con la malcrianza. Para responder a esta idea, la licenciada Novillo comienza por definir: "Criar es ofrecer las herramientas, los recursos y los elementos que nuestros hijos necesitan para desarrollarse en forma sana. Malcriar es justamente lo contrario".

 

 

 

Entonces, ¿el upa cría o malcría? Según la especialista, es imposible dar una respuesta generalizadora porque depende de las necesidades de cada familia. Por ejemplo, un bebé que estuvo durante tres meses en neonatología no tuvo "los brazos suficientes": al salir, tanto él como sus padres van a necesitar mucho upa. Algo similar les ocurrió a Silvia y Mariano con sus dos hijos, Belén y José: "Nuestros hijos son adoptados y siempre les hicimos mucho upa. Nos parece la forma más natural de demostrarles seguridad, amor, afecto. Sentimos que así estamos de alguna manera recuperando eso que no vivimos antes de conocernos. Nunca nos preguntamos si los estábamos malcriando. Al contrario, pensamos que ésa es la manera de darles mucho mamá y papá".

 

 

 

En este sentido, los especialistas de la Fundación para la Lactancia Materna (FUNDALAM) recomiendan: "El bebé necesita contacto con su mamá. Su olor, su calor, su cercanía. Amamantarlo y tenerlo contra el cuerpo le brinda el contacto humano que necesita. No es posible malcriarlo, ya que lo que el contacto le genera es seguridad y mayor independencia. La mamá no debe dejar que nadie la prive ni a ella ni a su bebé de compartir esta experiencia con comentarios prejuiciosos".

 

 

 

El límite

 

 

Los extremos nunca son buenos y ésta no es la excepción. Así como el bebé necesita estar en contacto con sus padres, también es fundamental que tenga momentos de soledad, en los que pueda estirarse, explorar su cuerpo y sus movimientos y entrar en contacto con su cuna y con sus cosas. Los padres deben conocer y respetar estos tiempos porque "el abuso del upa coarta la posibilidad de crecimiento del chico. Es el caso de las mamás que retienen, impidiendo el desarrollo de sus hijos".

 

 

El upa es un momento de encuentro. Regala la posibilidad de sentir el latido, el olor, la temperatura del otro y adecuar los ritmos propios a los suyos. Esta conexión entre dos cuerpos es, sin dudas, la puerta de entrada para el encuentro de dos almas.

 

 

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