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Ganando Independencia

A los 21 meses un niño se desplaza como un verdadero explorador por toda la casa y puede estar alejado de sus padres entretenido con una actividad por un tiempo prolongado. Aquí, una guía para entender esta etapa fundamental del bebé y enseñarle algunos límites para su comportamiento.

Ir y venir en forma permanente y por el sólo hecho de disfrutar la aventura del movimiento. Eso es lo que define a un niño cercano a los dos años, pero también la paulatina confianza que, al andar, va ganando en sí mismo. Una mamá primeriza comenzará a experimentar la extraña sensación de que su hijo ya no reclama su atención en forma permanente. A partir de esta edad el bebé puede disfrutar de escuchar una historia contada por un familiar adulto –que no sea papá o mamá– e incluso animarse a relatar historias él mismo.

 

 

 

“Poco antes de los dos años de edad comienza la independencia en la vida de una persona –afirma la psicopedagoga María Elena Manso– quieren comer solos, trepar, no ir de la mano por la calle. Tienen un avanzado desarrollo motriz pero carecen de la noción de peligro. Esto genera un gran desafío para los padres: ellos tienen que, por un lado, favorecer esa sensación creciente de seguridad e independencia pero, por otro, la supervisión de lo que un niño de esa edad hace debe ser permanente, porque toca, curiosea con todo. Lo importante es crear un ambiente seguro y apto para que el chico descubra sin peligros”, explica la licenciada. Esto es: mirar y estar atentos sin que el niño perciba la presión permanente de un adulto que le marca lo que no puede hacer. Menuda tarea para los padres.

 

 

 

Carolina y Lucas son los orgullosos papás de María José, de dos años. Ellos reconocen que todavía les resulta complicado poder hacer alguna actividad paralela mientras la beba está en acción: “Como padres primerizos nos cuesta estar relajados, todo el tiempo nos preocupa que vaya a meterse en algún lugar y se lastime o se tropiece” , relata Lucas. “Tomamos todas las medidas posibles, pero igual nos parece que nada es suficiente. Recién ahora nos estamos acostumbrando a que Majo se desplace libremente por la casa”, cuenta Carolina. 

 

Menos Egocéntrico

 

La creciente relación con el ambiente supone en sí misma la capacidad del chico para registrar aquello que se le pauta. Esto permite hablarle con firmeza acerca de aquello que puede y no puede hacer. Por lo tanto, la misión de los padres es generar la confianza permanente para que se anime a hacer cosas solo, por eso hay que motivarlo a la vez que transmitirle apoyo y seguridad cuando una situación le genere temor.

 

 

 

Es en esta etapa cuando el chico aprende el valor de compartir sus cosas con quienes lo rodean.

 

 

Es capaz también de reconocer caras familiares más allá del círculo inmediato de sus padres, lo que le permite animarse a compartir situaciones con otras personas.

 

 

 

También sus habilidades psicomotoras le permitirán, por ejemplo, disfrutar de pasar un rato sentado, solo o acompañado por un adulto, con un libro especial para su edad, que favorezca su imaginación y creatividad. Regalarle un rompecabezas de pocas piezas para encastrar puede ser otra excelente manera de motivar su juego independiente de los papás.

 

El Mundo de los Miedos

 

El creciente contacto del niño con el mundo y su imaginación tienen una cara escondida: los miedos. Por ejemplo, los insectos o el agua son una fuente inagotable de miedos en la imaginación de un chico. Lo mejor es hablarle con confianza y estimando la importancia de ese temor que él transmite. No sirven afirmaciones adultas del tipo “Un insecto no puede hacerte nada malo”, porque esta actitud minimiza su miedo pero no lo disminuye. Se podría decir: “Sé que ese bicho no te gusta, así que lo voy a espantar para que no te moleste”. Sutilezas que marcan la diferencia.

 

 

 

El desafío que plantea esta etapa es crucial: motivar la independencia del niño pero siempre con la sensación reconfortante de que papá y mamá están ahí para apoyarlo. El fortalecimiento de los límites implica un aprendizaje vital para el chico: perder el egocentrismo, para relacionarse amorosamente con aquello que lo rodea.

  

Los Sí y los NO. Los Valores:

  • Haz lo que yo digo. Siempre tener presente que los chicos hacen aquello que perciben de los adultos. Si los padres obran correctamente, los chicos aprenden valores. Predicar con el ejemplo: si se desea que los chicos digan "por favor" y "gracias", hay que comenzar por decirlo uno.
  • Hablar respetuosamente. Un chico estará mucho más dispuesto a escuchar si se le habla y no se le grita. El contacto visual es también fundamental.
  • Más los SÍ que los NO. Un chico de esta edad tiende a entender con más facilidad aquello que sí puede hacer, más que lo que no.
  • Crear reglas simples. Es sorprendente la capacidad que tienen los chicos de esta edad para entender reglas que son simples. Puede ser positivo crear "lemas" dentro de la casa sobre lo que se puede y lo que no y repetirlos con firmeza. No olvidar que todavía es mucho más lo que comprende, que lo que es capaz de expresar.
  • Premiar lo positivo. Un comportamiento adecuado y positivo tiene más posibilidades de repetirse si se le presta atención y se lo destaca ante el niño. 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

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