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¿Trabajo Mucho, Poquito o Nada?

La vida laboral y la maternidad. Una lucha interna para la mujer. Silenciosamente, aparece y se instala la archienemiga de las madres: la culpa.

 

  Los gritos y llantos de Ramiro se escuchan a media cuadra. "Vete tranquila, tú te vas y se le pasa", asegura la maestra de la salita. La mamá -con algo de desconfianza y muchísima culpa- da media vuelta, avanza unos pasos y, en puntitas de pie, espía desde detrás de una columna. Efectivamente, Ramiro ya se secó las lágrimas y juega animadamente en el patio.

¿Trabajar o no? ¿Cuándo y cuánto? ¿Por qué y para qué? Preguntas que rondan sin cesar, no sólo por la cabeza sino por el corazón de la mayoría de las madres. Las respuestas son tan variadas como madres e hijos existen. Incluso una misma madre, con cada uno de sus hijos, puede llegar a sentir y pensar este tema de diferente manera.

 

Algunos puntos para tener en cuenta:

 

- En la actualidad, no existe ningún estudio serio que demuestre que los niños que permanecen hasta los dos o tres años con la mamá tengan ventajas en su desarrollo frente a niños con madres que comenzaron a trabajar cuando el niño tenía una más temprana edad.

 

- Lo principal es que la madre y su hijo hayan podido establecer un vínculo de confianza y de amor, por el cual el niño sabe que cuando ella no está no es abandonado.

 

 - Es imprescindible que la mamá se quede tranquila respecto de con quién y dónde queda su hijo. No es mala idea, en la medida de sus posibilidades, encomendar a una amiga o pariente de confianza, o incluso ella misma, hacer apariciones "sorpresa" en la casa, la guardería o el jardín. No tanto por desconfianza hacia quienes lo cuidan, sino para su ­tranquilidad: para que vea con sus propios ojos -o por los de personas cercanas- que mientras ella trabaja su hijo está bien.

 

- Si se trata de un bebé menor de un año, lo óptimo es que permanezca en su entorno habitual, su casa, para evitar una adaptación extra a la de la ausencia materna.

 

- Es casi inevitable que aparezca alguna reacción de "protesta" por parte del niño: llantos, berrinches o negarse a comer la comida. Es importante tener paciencia y permitirle que se adapte a la situación.

 

- Una forma de hacer menos brusco el cambio para la mamá y para el bebé es comenzar a ausentarse gradualmente, por tiempos breves antes de empezar a trabajar.

 

En su Pediatric Advisor, el Health System de la Universidad de Michigan (EE.UU.) afirma: “Los hijos de las madres que trabajan tienen un desarrollo emocional tan bueno como los demás niños. El vínculo madre-hijo no se debilita. Entre los beneficios que tiene un niño cuya madre trabaja fuera de casa están un mayor grado de independencia, responsabilidad y madurez. Los niños pequeños de madres que trabajan a menudo tienen más oportunidades de aprender a confiar en otros adultos y a llevarse mejor con otros niños de su edad.”

 

Sea por necesidad, por elección, por vocación o por otras razones, para muchas mamás llega el momento de retomar la vida profesional en paralelo con la crianza de sus hijos. Tras un tiempo necesario de adaptación, todos descubrirán los beneficios del nuevo arreglo. Y una vez más, la familia demostrará que está preparada para afrontar los cambios y asumir los nuevos desafíos que cada etapa propone.

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