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Las Temidas Convulsiones Febriles

Las estadísticas indican que sólo el 4% de los niños de entre 6 meses y 5 años tiene un cuadro de convulsión febril. Sin embargo, siempre conviene tener información para saber cómo actuar en caso de que surjan.

 

Uno de los principales miedos de los padres de niños pequeños son las convulsiones febriles, pero pocos saben exactamente en qué consisten. La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) define a las convulsiones febriles simples como “una convulsión generalizada de menos de 15 minutos que ocurre sólo una vez en 24 horas, en un niño febril que no presenta infección intracraneal, ni trastornos metabólicos”. Se trata de convulsiones causadas sólo por fiebre. 

 

Los padres suelen asustarse y con razón, porque durante las convulsiones el niño puede perder temporalmente la conciencia y mover brazos y piernas a ambos lados del cuerpo. También puede pasar que se vuelva rígido o tenga contracciones en una parte del cuerpo. La mayoría de estos episodios ocurre durante el primer día de la fiebre del niño y dura un minuto o dos, aunque algunas pueden ser tan breves como unos segundos y otras, durar hasta 15 minutos.


Bárbara es mamá de Clarisa, una beba de tres años que hace unos meses sufrió una convulsión febril leve, de apenas quince segundos. “Cuando nos dimos cuenta de que algo estaba mal nos asustamos mucho. Atinamos a acostarla y a esperar a que se le pasara. Fue feo, pero saber de qué se trataba me sirvió para no empeorar la situación. De allí nos fuimos corriendo al médico y por suerte ni siquiera la medicaron. Fue sólo un susto.”

 

Es bueno tener en cuenta que el hecho de que un niño tenga convulsiones febriles no implica que sea epiléptico. La epilepsia se caracteriza por la irrupción de convulsiones recurrentes, no precipitadas por fiebre. De hecho, el 95% de los niños que han experimentado convulsiones febriles no desarrollan epilepsia.

 

Los pediatras distinguen las convulsiones febriles típicas o simples de las atípicas o complejas según las siguientes variables:

 

Duración  (mayor o menor a 15 minutos).

 

Compromiso corporal (parcial o general).

 

Existencia de enfermedad neurológica previa.

 

Antecedentes de convulsiones febriles en padres o hermanos.

 

Edad del paciente (mayor o menor de un año).

 

Electroencefalograma anormal.

 

Aumento de frecuencia en convulsiones febriles durante la infancia (más de 1 en la niñez).

 

Presencia de múltiples episodios en 24 horas.

 

Las estadísticas indican que aproximadamente el 4% de los niños de entre 6 meses y 5 años tendrá un episodio de convulsiones febriles. Cuanto más avanzada es la edad del chico al momento de tener su primera convulsión, menor es la probabilidad de que sufra otras.

 

En relación con su daño, si bien está claro que las convulsiones asustan muchísimo, los médicos afirman que la gran mayoría son inofensivas. Asistir con primeros auxilios adecuados es clave para evitar peligros.

 

¿Qué hacer frente a una convulsión? Lo más importante es permanecer sereno y observar cuidadosamente al niño. Para prevenir heridas accidentales, se lo debe colocar en una superficie protegida, como el piso, y no restringirlo, ni agarrarlo. Los padres deben sacarle cualquier objeto que tenga en la boca e impedir que agarre algo. Una vez finalizada la convulsión, la visita al médico es tan obligada como tranquilizadora.

 

 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

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