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¡No Quiere Comer!

Lorena GrancelliDisfrutar de la mesa, apreciar la comida, saber cuándo tienen hambre y cuándo no, son valores importantes que los chicos pueden aprender en la primera infancia.

 

La carne se convierte en un súper avión que llega de China. El puré de zapallo es un submarino que emerge desde el fondo del mar. Pero no hay caso: Josefina ¡no quiere comer!

 

El Dr. Carlos Cambiano, profesor de Pediatría en la Facultad de Medicina de la UBA señala: “Los problemas de alimentación son el primer motivo de consulta en hospitales y en la práctica privada”.

 

Constanza nunca tuvo problemas con la alimentación de los chicos hasta que nació la tercera: “Diego e Ignacio siempre comieron bárbaro: todo lo que les ponía en el plato. Pero Josefina es más quisquillosa. No logro que coma verdura, está negada”.

 

Las soluciones a este problema han cambiado mucho con el tiempo. Atrás quedaron las épocas en las que la espinaca rechazada al mediodía se volvía a presentar a la merienda y a la cena, hasta que el pequeño se decidiera a comerla. Hoy, una nueva teoría enuncia: los chicos, aun en las edades más tempranas, tienen capacidad para regular inteligentemente qué y cuánto comen.

 

“Nadie se muere de hambre si tiene el alimento al alcance de la mano”, dicen. Pero el alcance de esta teoría va mucho más allá de un tema de supervivencia: un estudio de la Universidad Estatal de Pensilvania mostró que –dejando a los chicos seleccionar libremente su almuerzo–, tendían a equilibrar los alimentos de modo de ingerir la misma cantidad de calorías en cada comida.

 

La teoría de la autorregulación pone fin a esa lucha campal que muchas veces se desata a la hora de comer. Si el tema de la comida se convierte en un conflicto, se corren varios riesgos: el chico aprenderá a usar su resistencia como un arma de manipulación y, lo que es peor, asociará la hora de la comida con un campo de batalla.

 

De todos modos, aunque “los chicos sepan mejor que nadie qué y cuánto comer”, los padres deben asumir un papel activo, favoreciendo una dieta completa y equilibrada y controlando el peso.

 

Las pautas para el control son simples: un niño sano aumenta menos de dos kilos por año hasta cumplir los 6. Estas cifras no se aplican directamente a todos los casos y pueden variar de acuerdo con la estatura del pequeño, pero cuando una curva asciende (la de la estatura), la otra también debe hacerlo.

 

El seguimiento de la curva de peso tiene que ser un control y no una obsesión, de la misma manera que el apetito del hijo no debe ser un motivo de constante preocupación.

 

Una inapetencia pasajera puede obedecer a monotonía en la alimentación, problemas de dentición, nerviosismo de la madre, la llegada de un hermanito, etc. la delgadez por sí sola no debe ser una señal de alerta; en cambio, la debilidad o una pérdida de peso más o menos duradera, sí hacen necesaria la consulta médica.

 

En el otro extremo del espectro, está el problema de la obesidad infantil. En algunos casos se debe a verdaderos problemas endocrinos, como el hipotiroidismo, que requieren de un tratamiento médico. Pero por lo general, los excesos de peso en la primera infancia se relacionan más bien con las costumbres de alimentación. Y una de las principales causas de obesidad entre los adultos es que han sido sobrealimentados en la infancia.

 

En el caso de los chicos extremadamente voraces, el problema debe tratarse con prudencia. Someterlos a un verdadero régimen para adelgazar, al estilo de los de adultos, puede hacerlos sentir frustrados, presionados y culpables. Lo correcto es revisar su menú y, ante todo, incentivarlos a emprender actividades físicas en las que puedan gastar energías y divertirse a la vez.

 

Es importante que los chicos estén bien alimentados. Pero si la alimentación se convierte en un “tema” ya desde la primera infancia, se corre el riesgo de que lo siga siendo durante toda la vida. Los chicos tienen que disfrutar de la mesa, valorar la comida, saber cuándo tienen hambre y dejar de comer una vez satisfechos. Estos valores adquiridos en la infancia los acompañarán durante toda la vida.

 

 

 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

 

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