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Adoptar Cuando No Es Bebé

La adopción es naturalmente difícil. Y cuando el niño no es recién nacido, surgen aún más temores, inquietudes e incertidumbres. Pero la experiencia demuestra que es mucho menos problemático de lo que parece.

Cuando los padres se deciden por la adopción, un mundo nuevo se abre ante ellos. La paternidad -en este caso "del corazón"- trae alegría a la familia que por diversos motivos elige seguir este camino. Pero esta decisión también llega con algunos mitos que hacen preocupar a los futuros padres. Así lo explica el doctor Jorge Blidner: "A veces se cree que la adopción es un hecho traumático y nocivo para el hijo, porque se lo ve como portador de una marca indeleble que llevará para el resto de su vida ('siempre tendrá problemas'). La respuesta a este punto radica en aceptar la adopción como un hecho reparador de otro suceso traumático".  

Cuando los chicos adoptados tienen entre 2, 3 o más años los miedos de los padres parecen agudizarse. Ellos temen las vivencias anteriores del niño y las huellas psicológicas que pueden haberles dejado. A veces creen que no podrá adaptarse al nuevo hogar, a nuevos hermanos (si es que los hay), a los padres, o que podrán traer costumbres y actitudes contrarias a la crianza que quieren brindarle.

Silvia y su marido adoptaron a María Teresita a los tres años y a María Luján a los cinco, y las incorporaron a su familia que ya estaba constituida por hijos biológicos. Ella muestra una seguridad que no deja dudas: "Creo que es al revés de lo que se piensa habitualmente. El chico no es el que tiene problemas, sino que es la familia la que tiene los temores y asume que son del hijo. En nuestro caso, las dos nenas se incorporaron como hermanas perfectamente, nunca tuvimos problemas."

El vínculo entre los padres y los hijos adoptivos debe comenzar a estimularse un tiempo antes de la adopción: empezar con salidas los fines de semana, visitas, paseos, ayuda en las actividades, hasta lograr la confianza necesaria para que vivan juntos. Es un proceso que puede tardar, porque hay que respetar los tiempos del niño, que con naturalidad irá incorporando a su vida a quienes serán su familia. "Antes de que viniera a vivir con nosotros, íbamos a visitar María Luján los fines de semana. Con el tiempo, nos empezamos a dar cuenta de que cuando nos íbamos se quedaba triste, y cuando llegábamos se ponía feliz y quería jugar. Entonces nos dimos cuenta de que era el momento de llevarla a casa", cuenta Silvia. Cuando los padres muestran seguridad, preparación y confianza en sí mismos, el hijo se da cuenta de que están dispuestos a brindarle el cariño y la contención que necesita.

Es necesario eliminar cualquier tipo de creencia sobre dificultades que, como dice Silvia, no son más que resquemores de los padres. Los chiquitos, aún no siendo recién nacidos, están abiertos a formar parte de una familia, y cualquier tipo de mal hábito o rebeldía puede solucionarse con la educación de los padres, porque es lo que ellos buscan: amor, cuidado, límites, atención y un hogar en dónde crecer.

Adoptar un niño requiere de una gran convicción y, sobre todo, de una enorme generosidad, que el niño estará ansioso por recibir. No hay que temer al "cómo será", pues eso depende del modo en que los papás y el niño vayan creando sus vínculos. Y por eso, la opinión del doctor Blidner sintetiza: "Una pareja bien integrada y unida, que apoya a su hijo y lo contiene con su afecto, pasa a ser la base para que el niño se desarrolle armónicamente."

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