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El Cuidado de los Ojos

La vista es uno de los sentidos más preciados. Sin embargo, el control oftalmológico no suele ser una consulta médica habitual para los chicos. Aquí, una guía para prevenir y detectar cuándo un niño necesita anteojos.

“Cuanto antes se identifica un problema de salud, más cerca está su solución.” Esta afirmación del sentido común cobra mayor validez a la hora de diagnosticar cuándo un chico tiene dificultades para ver correctamente.

Los problemas de visión se detectan con más frecuencia en la escuela, cuando los niños están obligados a concentrar la vista en el pizarrón para leer o escribir. Sin embargo, es posible descubrir si un chico tiene su visión reducida, si los padres están atentos, no sólo al crecimiento y evolución de su hijo, sino también a sus predisposiciones genéticas.

Un niño de entre dos y tres años ya tiene cierta capacidad para expresar cuándo algo le duele o le molesta. Por eso es muy importante estar atentos a lo que dicen o expresan los chicos a través de sus actitudes. "Luz –3 años– usa anteojitos desde hace más de un año. Entonces consultamos al pediatra porque se frotaba los ojos muy seguidos, se dormía y mantenía una mirada perdida, sin mirar nada fijo. Él nos derivó al oftalmólogo que, rápidamente le recetó los lentes", relata Betina, su mamá. "Al principio nos sorprendió, porque ni mi marido, ni yo usamos anteojos, pero el especialista nos explicó que no siempre hay un contenido hereditario directo", concluye.

A modo de guía de "detección temprana", la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) presenta los siguientes síntomas para saber si un chico necesita visitar al oftalmólogo:

  • Se frota los ojos frecuentemente.
  • Se queja del dolor de ojos o que los siente “sucios”.
  • Tiene una tendencia creciente a acercarse demasiado los objetos a los ojos para “verlos mejor”.
  • Frunce permanentemente el ceño, o tuerce la cabeza para fijar la mirada.
  • Mantiene una mirada vaga.
  • Tiene frecuentemente orzuelos o secreciones oculares.
  • Se cubre los ojos con las manos para hacer sombra.

Si luego de la consulta con el oculista, el profesional decide que el niño debe usar anteojos, es bueno tomar conciencia de las cosas que van a cambiar en la rutina diaria del chico y preguntar al especialista cómo facilitar su adaptación, para ir preparándolo con tiempo.

 

Consejos para elegir los anteojos adecuados y facilitar su uso:

 

 

El armazón de los anteojos debe ajustar perfectamente. Hay que asesorarse bien para que los anteojos no sean demasiado grandes, ni pesados. Usar una gomita elástica de cabeza puede ayudar a distribuir mejor el peso. Conviene asegurarse de que no aprieten la nariz, ni las orejas. Hay que evitar que dejen marcas rojas porque pueden causar irritación en la piel.

 

 

Los lentes siempre deben ser hechos de acuerdo con la receta del especialista. Cualquier anteojo debe ser recetado por un oftalmólogo y debe ajustarse a sus indicaciones a rajatabla. Caer en opciones como anteojos de venta libre puede suponer un riesgo para la vista.

Tiempo al tiempo. Si bien puede haber una resistencia inicial porque acostumbrarse al nuevo objeto lleva tiempo, la mayoría de los chicos acepta los lentes cuando se dan cuenta de que el mundo se ve mejor con ellos, que sin ellos.

 

 

Las únicas manos que deben poner y quitar los anteojos deben ser las de un adulto. Si se quita los anteojos, papá o mamá tendrán que volver a ponérselos y quitárselos cuando sea adecuado. Sin embargo, hay que tener presente que tan pronto como el niño se dé cuenta que puede controlar sus anteojos, lo más probable es que los padres pierdan la batalla. Con el tiempo, el niño tendrá la suficiente madurez para tomar esa responsabilidad por sí mismo, pero al principio es mejor que el adulto tenga el control para que los anteojos no se conviertan en un juguete.

 

 

La adaptación. Los especialistas recomiendan elegir una hora en que el niño está descansado y de buen humor para iniciar el período de acostumbramiento. Hay que prepararse para entretenerlo lo más posible, que esté distraído y no quiera quitarse los anteojos enseguida. Lo mejor es elegir una actividad motivadora, que le fascine como leer cuentos o mirar figuras grandes y coloridas. Un buen método es parar la actividad cuando el chico se quite los anteojos y reanudarla cuando se los deje poner nuevamente.

 

 

Los anteojos, parte de la rutina cotidiana. La incorporación debe ser paulatina y gradual. Es ensayo y error: ir probando su tolerancia con mucha paciencia y algo de firmeza. Conviene empezar poniéndole los anteojos en la mañana como parte de la rutina de vestirse y dejárselos puestos tanto tiempo como los tolere. Al siguiente día, aumentar el período de tiempo.

Si bien es cierto que adaptarse a una vida con anteojos no es tarea sencilla para un chico, hay que tener presente que el hábito incorporado a tiempo significará una gran diferencia para su calidad de vida futura.

 

Nota supervisada por el Equipo Médico de Mamashelp.

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