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Valores: por qué y cómo inculcarlos

Una vez que transcurrieron los primeros tres años de vida, muchos padres advierten que llegó el momento de que sus hijos sean realmente conscientes de qué está bien y qué está mal hacer.

Conscientes ya de su existencia como “seres individuales”, los niños se enfrentan ahora al desafío de convertirse también en “seres sociales”, aprendiendo valores y normas de conducta que tengan en cuenta la presencia del prójimo.

 

 

 

Los niños empiezan a distinguir entre lo que está bien y lo que está mal desde muy temprana edad. Ya desde bebés, el tono de voz del adulto les marca el camino de lo que provoca aprobación o desaprobación. Alrededor de los 5 años, la conciencia moral se hace presente, conformada por los ‘no’ y los ‘sí’ de los padres, pero se trata de un proceso evolutivo. No se despiertan un día e incorporan valores de golpe”, explica el psicólogo Luciano Durruty . 

 

 

 

En este sentido, es importante tener en cuenta que los padres deben empezar a inculcarles valores como la verdad, el respeto o la lealtad desde el primer día, más allá de que recién puedan asimilarlos completamente cinco años después. “Hasta esa edad, los niños atraviesan una etapa de narcisismo puro en la que sólo tienen en cuenta sus necesidades y sentimientos. La aparición del otro como sujeto a ser considerado se da recién a los 4 o 5 años”, sostiene el especialista.

 

 

 

Es entonces donde entra en juego el rol de los adultos como modelo a seguir. Predicar con el ejemplo es fundamental para que los niños copien e incorporen determinadas conductas que los acompañarán de por vida. El trato respetuoso hacia seres queridos, las pautas de buena educación y la honestidad son algunos de los valores que ellos incorporan casi naturalmente cuando ven que sus padres los ponen en práctica. La aplicación de límites y de pautas frente a comportamientos que los padres consideran equivocados también contribuye a la inculcación de valores.

 

 

 

¿Un recurso valioso para enseñarles acerca del bien y el mal? Los cuentos y fábulas con moraleja. “Son historias universales que les resultan accesibles porque están narradas en un vocabulario que ellos pueden entender”, recomienda Durruty.

 

 

 

Por otra parte, el jardín de infantes como espacio de socialización también cumple un papel importante a la hora de inculcar valores. Es un ámbito en el que los niños interactúan con sus pares y aprenden un abanico muy amplio de actitudes y comportamientos: desde respetar turnos y cuidar sus pertenencias, hasta honrar símbolos patrios y experimentar los primeros lazos de amistad.

 

 

 

En definitiva, se trata de un proceso que, una vez atravesado, reafirma a los niños en sus primeros pasos como personas que están aprendiendo a vivir en sociedad y que son conscientes de que existe otro tan importante y digno de ser respetado como ellos.

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