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Basta de mirar lo que está mal en nuestros hijos

La revista Sophia publicó una entrevista con Jenifer Fox, autora de “El movimiento de las fortalezas” “Me desperté una mañana y decidí que iba a iniciar un movimiento para hacer llegar estas ideas a toda la sociedad. Durante demasiado tiempo, los adultos se enfocaron en ver qué estaba mal en los chicos. Me cansé: es hora de descubrir qué está bien en ellos.”

"HIJOS: EDUCAR EN LAS FORTALEZAS"

 

 

 

 

Jenifer Fox es la autora de “el movimiento de las fortalezas”, donde anuncia un cambio de paradigma. En un diálogo a fondo con Sophia desde los estados unidos, fox propone que en lugar de concentrarnos en que nuestros hijos corrijan aquello que hacen mal, reforcemos aquello que hacen bien, y se pregunta qué tipo de educacion necesitan los chicos de hoy.
 
 Amelia es buena descubriendo y coleccionando objetos que otros desechan o consideran inútiles. Guarda en el armario de su escuela latitas de pastillas de menta. Encontrarlas y guardarlas la hace sentirse bien. En una clase de arte, usó esas latitas para crear réplicas en miniatura de muebles antiguos. Su pasión por las cosas pequeñas también se refleja en su inclinación a dibujar historietas estilo animé japonés. Según Jenifer Fox, su maestra, éstos son los primeros pasos para identificar las fortalezas que le permitirán encontrar cuál es su camino en la vida.
 
Jenifer Fox  dirige desde hace veinte años Purnell School, una escuela para chicas con problemas en las afueras de Nueva York. A partir de esa experiencia, Fox dio inicio a un nuevo enfoque en la educación. Lo llamó “El movimiento de las fortalezas”.
 
Este movimiento se basa en la creencia de que cada persona tiene algo valioso dentro de sí. Desde esta perspectiva, las personas tendrán una mejor calidad de vida cuando el foco de atención –en las escuelas, los trabajos y las relaciones personales– esté puesto en las fortalezas de cada uno, y no en sus debilidades. Fox propone un radical cambio de paradigma en la forma en que criamos a nuestros hijos. Un cambio que va desde una perspectiva enfocada en corregir las flaquezas hacia una que busca descubrir y desarrollar las fortalezas potenciales en cada chico.
 
Mediante la aplicación de un programa diseñado para identificar y desarrollar estas fortalezas en la personalidad de sus estudiantes, la escuela que Fox dirige logró que muchas chicas con malos resultados académicos, apáticas o rebeldes dieran un giro sorprendente. Con este ejercicio, las chicas empezaron a encontrar actividades en las que se sentían plenas, mejorar su rendimiento en las materias y hacer planes para su futuro al terminar el colegio. En los últimos diez años, el 99% de las estudiantes de esta escuela han sido admitidas en universidades norteamericanas.
 
Jenifer Fox plasmó el resultado de esa experiencia en el libro Your Child’s Srengths, que busca dar respuestas a preguntas universales:
¿Cómo pueden los padres ayudar a sus hijos a encaminarse en la vida? ¿Cómo hacer para conciliar sus propias expectativas con los deseos y posibilidades reales de sus hijos? ¿Cómo formar personas seguras de sí mismas? ¿Qué tipo de educación necesitan los chicos de hoy en un mundo dinámico y en constante cambio?
 
Lo mejor de cada uno
 
“Me desperté una mañana y decidí que iba a iniciar un movimiento para hacer llegar estas ideas a toda la sociedad, no sólo a los maestros y alumnos de mi escuela. Durante demasiado tiempo, los adultos se enfocaron en ver qué estaba mal en los chicos. Me cansé: es hora de descubrir qué está bien en ellos”, contó Jenifer a Sophia, en una conversación desde Purnell, en las afueras de Nueva York, donde trabaja y vive con su marido y un perro. “Lo maravilloso es que cuando comienzo a hablar con una persona sobre las cosas que le gusta hacer y aquello que la hace sentir bien, empieza a estar motivada y segura de sí misma”, contó Jenifer, entusiasta.
Una fortaleza es aquello que energiza a una persona, lo que la diferencia de otras, y cuando la utiliza, la hace sentirse útil y valiosa. Fox cree en los chicos y está convencida de que cada uno posee sus propias fortalezas, que divide en tres tipos: fortalezas de actividad, fortalezas de relacionamiento y fortalezas de aprendizaje.
 
Las “fortalezas de actividad” son aquellas cosas que una persona hace de manera eficaz (escribir, dibujar, arreglar cosas) y que, además, la hacen sentirse bien mientras las practica. En este sentido, es importante distinguir una fortaleza de un talento o un don. Alguien puede tener aptitudes para el piano, pero si lo obligan a practicar todos los días y no disfruta hacerlo, entonces, eso no es una fortaleza. “Esto suele llevar a conflictos entre padres e hijos. Los padres tienen la expectativa de que su hijo desarrolle ese talento, y el hijo sólo lo hace para complacer a sus padres. A la larga, la relación se deteriora”, explicó Jenifer.
Las “fortalezas de relacionamiento” son aquellas cosas que una persona hace con los otros y que la hacen sentirse bien en esa relación. Por ejemplo, “ser bueno escuchando”. “Identificar esas fortalezas y comunicárselas a los demás ayuda a construir expectativas claras en las relaciones personales”, explicó la autora.
 
La tercera categoría son las “fortalezas de aprendizaje”, que se refieren a la forma específica en que aprende cada persona. En la escuela, se espera que todos los chicos aprendan de la misma manera, y cuando un chico no alcanza los logros esperados, se asume que tiene un problema. Sin embargo, los especialistas entienden que existen inteligencias múltiples. Algunos chicos aprenden de manera más visual, otros leyendo y escribiendo, y otros necesitan experimentar. El método de Fox permite identificar de qué manera aprende cada persona, de modo que sus padres y maestros pueden encontrar la manera más adecuada para su formación.
 
 ¿Cómo se hace para descubrir las fortalezas de nuestros hijos?
 
“Hablando, escuchando, preguntando”, responde Jenifer, y da algunos ejemplos. “Hay que transmitir a los chicos el ejercicio de observación necesario para detectar las propias fortalezas. En lo cotidiano, cuando se reparten tareas domésticas, un buen ejercicio es darles la posibilidad de elegir qué parte de esas tareas les gustan más: barrer, lavar los platos o pasar la aspiradora. Si se está por hacer un viaje familiar, se les puede preguntar si prefieren ayudar a armar las valijas o planear el itinerario. De esa manera, crecen acostumbrándose a tomar decisiones y registrando sus propios gustos y motivaciones”.
 
Desde casa
 
En la Argentina, existen profesionales e instituciones educativas que poseen enfoques similares. Un buen ejemplo son las escuelas Waldorf o las que siguen el método pedagógico Montessori, que ponen mayor énfasis en el desarrollo individual de cada niño, en darle espacios para explorar con libertad, y que se adaptan mejor a los tiempos individuales de aprendizaje. Sin embargo, en la mayoría de las escuelas el acento sigue puesto en los logros académicos y cualquier dificultad es diagnosticada como un problema.
 
La psicopedagoga y psicóloga Alejandra Libenson, autora del libro Criando hijos, creando personas (Aguilar), contó a Sophia que es habitual que los padres se preocupen cuando sus hijos no rinden igual que los otros en la escuela. “Los padres se acercan a la consulta preocupados porque ven en la diferencia una deficiencia. El problema es que maestros y padres están mirando sólo el resultado y no el proceso. Nadie está fijándose con qué obstáculos se encontró y cómo los fue superando. Por eso, a los padres preocupados por el rendimiento de sus hijos les propongo prestar mucha atención a los deseos, necesidades y preferencias de sus hijos e incentivarlos desde ese lugar”, explicó Libenson. Otro aspecto destacado por esta especialista, en sintonía con los consejos de Fox, es brindar un espacio para que los hijos tomen sus propias decisiones y desarrollen su subjetividad desde edades tempranas. “No podemos esperar que los adolescentes sean capaces de tomar decisiones o que tengan claro qué quieren hacer si no incentivamos esas actitudes desde chiquitos”, indicó Libenson. 
Una posible crítica a este movimiento centrado en las fortalezas es que invita a cierto facilismo. ¿Para qué obligar a mi hijo a esforzarse en matemática si su fortaleza es la pintura y la fotografía? ¿Qué sentido tiene convencerlo de que estudie para la prueba de geografía si juntos hemos descubierto que lo suyo es la capacidad de liderazgo y ayudar a los demás?
 
Las críticas
 
Para Fox, éstas son simplificaciones de su argumentación. “¡Amo esas críticas!”, dice, y explica con entusiasmo: “Este método no dice que si vas a trabajar en tus fortalezas, no vas a seguir trabajando en otras áreas. Pero toma en consideración el hecho de que si no sos bueno en matemática, hay muy pocas chances de que en el futuro tengas un trabajo relacionado con la matemática. En ese caso, una vez detectadas las fortalezas de aprendizaje, se buscará un método para que ese alumno aprenda lo más rápido posible algunas nociones de matemática. El problema del paradigma educativo actual es que obligamos a los chicos a pasar horas aprendiendo cosas que nunca van a usar en la vida. Es un desperdicio y los lleva a no aprender y a dejar la escuela”.
 
Otra crítica posible es el acento que este método pone en el éxito. En ese sentido, Libenson opinó: “Exacerbar conductas positivas impide la posibilidad de juicio crítico. Hay que incorporar el error como parte de un proceso creativo. Está bueno que los chicos reconozcan sus fortalezas, pero también aquellas cosas que les cuestan; que sean capaces de autoevaluarse y reconocer esas dificultades. Si sólo se enfocan en sus fortalezas, vamos a generar personas que se derrumban ante el primer fracaso. Pareciera que quieren programar personas para que tengan éxito en la vida, y en la vida, además, hay que estar preparado para sortear dificultades”.
 
A pesar de estas críticas, la propuesta de “El movimiento de las fortalezas” gana adeptos.
 
Las capacidades que estimulan éste y otros métodos similares son, precisamente, las que demanda el mundo cada vez más. En los dinámicos tiempos actuales, nadie puede predecir qué trabajo hará su hijo dentro de diez años. Pero sí puede formarlo en la creatividad, la capacidad de aprender cosas nuevas, la de adaptarse y la de tomar decisiones. “En el futuro, esas capacidades le servirán más que todo el conocimiento enciclopédico que en la actualidad se pretende enseñar en las escuelas”, opinó Fox.
 
Por MaríaNoel Álvarez
 
Tips para padres
 
•Reconocer aquellas cualidades únicas que diferencian a su hijo de los demás chicos.
•Ver esas diferencias como fortalezas potenciales y no como defectos.
•Motivar a sus hijos a hablar de aquellas actividades que lo hacen sentirse bien.
•Escuchar a sus hijos adolescentes sin intentar imponerles su propia autobiografía.
•En las charlas con los maestros de sus hijos, guiarlos hacia aspectos positivos y no sólo defectos. Pedirles que sean específicos.
•Reconocer sus propias fortalezas. Hacerlo le permitirá ayudar a sus hijos a conocer las suyas. 
•Permitir a sus hijos tomar decisiones que tengan un efecto en sus vidas.
•Establecer rutinas en las cuales cada chico elija una tarea favorita.
•Hablar con sus hijos acerca de sus fortalezas y acerca de las fortalezas de otras personas que conocen.
•Encontrar un adulto exitoso que comparta las fortalezas de su hijo y proponerlo como un modelo.
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